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Posts Tagged ‘Febe Jordà’

Desde aquí *

El 11 de julio de 2010, en el Estadio Soccer City de la ciudad de Johannesburgo, Sudáfrica, se jugó la final del mundial de fútbol. Con un gol de Andrés Iniesta en el minuto 116, España se llevó la victoria frente a la selección de los Países Bajos.

Yo no soy muy aficionada al fútbol, pero ese día acompañé a la peña de jóvenes que se presentó en casa para la ocasión, y vi el partido entero, en medio de la expectativa, la tensión y el sufrimiento que estas contiendas suelen generar.

Dos días después, un colaborador de este periódico, José de Segovia -tan aficionado al fútbol como yo, me temo-, hizo una reseña del citado partido y de cómo lo vivió, entre otras cosas. La culpa de la derrota de Holanda, decía, fue del árbitro. Y yo me quedé pensando si habíamos estado viendo el mismo partido, porque desde la península se vivió de otra manera…

Esta pequeña introducción la traigo a colación porque es evidente que, frente a un mismo hecho, siempre puede haber diferentes interpretaciones, precisamente por los distintos puntos de vista desde los que se parte.

La cuestión de Cataluña también es un buen ejemplo. Y es ahí a donde yo, humildemente, pretendo acercarme hoy de nuevo.

Escribo el jueves por la mañana, después de que ayer el Parlament de Catalunya aprobara la Llei del Referèndum. Y, en medio de todo este jaleo que nos traemos entre manos, voy a exponer (y quizá me repito) algunas de las ideas o argumentos que se manejan desde aquí. No por orden de peso, no por preferencia popular, ni tampoco por absoluta validez teórica como premisa. Pero es lo que hay, y cerrar los ojos a esta realidad –como si no existiera- y no abordarla quizá son los polvos que nos han traído estos lodos.

Y empiezo la relación.

Por aquí no se considera que el concepto de patria con la delimitación actual del territorio (la que quedó dibujada después del tratado de París en 1898 donde se perdieron Cuba y Filipinas, más la venta de las Islas Marianas, Carolinas y Palaos por el tratado hispano-alemán en 1899, más el abandono del llamado Sahara Español en 1976 sin traspasar la soberanía…), no se considera, digo, algo sacrosanto e inamovible por la eternidad. Y esta visión es un hecho no sólo en Cataluña sino también en muchos lugares de Europa, como referente más cercano. Patria es otra cosa.

Otra de las ideas que aquí no tiene calado en general es que las leyes tengan también este rango sagrado e inmutable que se pretende, la Constitución Española del 78 tampoco. Son consensos que, como herramientas, permiten la convivencia durante un tiempo, hasta que cambia el paradigma y dejan de ser útiles por obsoletas y porque lastran la vida de los ciudadanos. El 60% de la población española no la votó, y de los que votaron, algunos de los más ardientes constitucionalistas a día de hoy votaron que NO, que no la querían. Qué cosas.

Una de las afirmaciones que aquí se considera un insulto flagrante, por atentado a la inteligencia, es la afirmación de que es más democrático no votar que votar, o que los verdaderamente demócratas no irán a votar el 1-O. ¿Perdón? No ha acabado de colar, ya digo.

Otra de las cuestiones que choca es el tema del diálogo, tan traído y llevado de boca en boca, pero que al final venía a decir: “Hablemos, dialoguemos; podéis hablar de cualquier tema… menos del que queréis hablar, menos del tema que os preocupa”. Sí señor.

Ya he dicho al empezar que todo esto que reseño es cómo lo ve y lo vive mucha gente aquí en Cataluña.

También se hace una distinción clara entre legítimo y legal. Ya citamos, creo, que la esclavitud, por ejemplo, era legal, pero era legítimo pretender abolirla. No insisto.

¿Y qué razones se pueden tener, desde Cataluña, para querer bajarse del carro? Pues el parecer es que todas y ninguna. Porque no hacen falta. Porque en democracia un cambio de voluntades debe ser considerado como razón suficiente, sin argumentos históricos, ni de agravios. Es cuestión de consultar las opiniones, de ponerse de acuerdo una mayoría, y decidir. Para esto cabe señalar, por si alguien no se percata, que las urnas no es que sean necesarias: es que son imprescindibles.

Otro de los asuntos que se ponen sobre la mesa y aquí deja perplejo al personal es el de pretender que es pertinente que el resto de comunidades autónomas decidan sobre el destino de Cataluña. Se entiende como que un vecino pretende decirte de qué color tienes que pintar las paredes de tu casa, qué muebles y cortinas comprar, y cómo educar a tus hijos. Los catalanes tampoco se creen con derecho de votar sobre temas de Castilla-La Mancha ni del País Vasco, por ejemplo.

“¡Es que esto que ocurre con Cataluña no se ha visto antes!”. Ya. ¿Y?

La voluntad era llevar a cabo un referéndum pactado con el Estado, pero no ha podido ser. La demanda ha sido, durante siete años, pacífica, clamorosa, multitudinaria. Primero se ha negado la evidencia. Luego se ha pasado a la burla, al desprecio y al ninguneo. Después se ha pasado al acoso, mediante medidas de asfixia económica, destrucción de estructuras necesarias (la sanidad catalana, por ejemplo), y finalmente toda la caballería desde la judicialización de lo que son cuestiones políticas. Es como en los casos de los divorcios malos, una pena.

Ahora hay quien propone reformas constitucionales, y con unos aires de suficiencia… ¿Ahora? ¡A buenas horas, mangas verdes! Siete años de tiempo. O cinco. Muchos, en todo caso.

Uno de los datos que un demócrata ‘verdadero’ consideraría es que el 80% de la población catalana quiere expresarse sobre la cuestión del futuro político de Cataluña. Se quiere votar, tanto para decir que SÍ como para decir que NO. Y es que aquí la gente quiere votar… en una supuesta democracia. Pues eso.

Es evidente que en Cataluña hay discrepancia, por este tema que consideramos… y por muchos otros. Pero no hay conflicto social, ni disturbios, ni violencia callejera. Ni la ha habido en todos estos años. Y en todas las casas y en todas las familias hay pareceres contrarios respecto a esta cuestión, y se siguen queriendo, y celebrando la Navidad y los cumpleaños juntas. Se ha hablado, se ha discutido, en ocasiones se ha faltado al respeto –es verdad-, e incluso ha habido escenificación de bronca, como ayer en el Parlament. Pero hay que observar y ver, y procurar formarse un criterio propio, mirando de sopesar reflexiones y argumentos, abstrayéndose de los medios parciales y subvencionados (de aquí, de allá, de todas partes) que pretenden “informarnos”.

En Cataluña se es consciente de que algunas personas en el mundo miran a este pequeño país. Y algunas de ellas, de personalidad relevante, no condenan lo que ocurre, ni las aspiraciones y demandas.

Yo no sé si había otra manera, que seguro que sí, pero visto lo visto no sé cuál hubiera podido ser. Y muchos de mis conciudadanos tampoco. Cuando todo es NO, y más NO, desde aquí tampoco parece tan descabellado haber tirado por la calle de en medio.

Están locos, estos catalanes. Puede que sí. Pero muchos más bien están en aquello de I have a dream. De empezar de nuevo, de construir, de procurar dejar atrás los defectos y corrupciones del pasado.

Y, locura o no, un poco de todo esto es lo que hay.

*Artículo publicado en Protestante Digital el 9/09/2017

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Sí los hay, a estas alturas del siglo XXI. Nunca los había visto antes, pero están entre nosotros.

El Madrid de otros tiempos era familia y risas de niños, edificios imponentes, vacaciones, luces, encuetros con amigos y actividades docentes, espacios amplios, la plaza Mayor, una cañita y bocadillos de calamares, historia familiar en el Hotel Palace, recuerdos en la iglesia de Chamberí…

El de ahora es otro Madrid. Es el Madrid del dolor, la incertidumbre, la espera de la sentencia, el pánico. Y es en este Madrid donde los ángeles se han mostrado de manera inesperada, porque se encuentran de incógnito repartidos por la ciudad. Pero los hemos identificado.

En esta época siguen vistiendo de blanco, aunque no con túnicas. Lucen uniforme de camisa y pantalón de algodón o batas hasta la rodilla por encima de la ropa, blanco todo, y sábanas y esponjas jabonosas en las manos, o termómetros en los bolsillos, o jeringas y sueros en carros ruidosos, o fonendos colgados del cuello.

Y sabes que son ellos por esa mirada de calor tierno cuando te saben vulnerable, o la palabra dulce que te regalan en el momento más terrible, o por el apretón en el brazo cuando ya no tienes fuerzas para contener las lágrimas.

Uno de los ángeles está en la planta quinta, se hace pasar por doctora, y deseaba de corazón que lo que le pasa a mi niña no fuera de su incumbencia, pareciendo incluso que luchaba por un diagnóstico más favorable de la especialidad de la segunda planta.

Otro de los que hemos identificado lucía una melena pelirroja, y apareció por la noche con la excusa de tomar la tensión a la chiquilla, y nos vio el susto incluso a oscuras, y se quedó hablando con nosotras y explicándonos lo que necesitábamos oir. Justo antes de retirarse, nos dijo con una sonrisa pícara: “Por cierto, me llamo Esperanza”.

Hemos conocido algunos más. Uno se hacía pasar por paciente y se interesaba genuinamente por la salud y los progresos del tratamiento de mi hija.

Y durante todo este tiempo difícil, uno que, desde la discreción, seguía todas las incidencias desde el principio, los resultados de las pruebas, subía a dar ánimos y explicaciones claras, y a hacernos reir si era necesario, y que se presentó sin más disimulo y de manera inmediata en el día más oscuro, cuando la soledad abrumaba ya tanto que sentías sobrepasadas tus fuerzas, tu ánimo y casi todas tus reservas frente a lo que estaba ocurriendo. Y vino con refuerzos, y nos regalaron el abrazo acogedor, los besos, las palabras de bálsamo para el espíritu.

He cogido tanta práctica en la identificación de estos seres maravillosos, ¡que soy capaz de detectar a los que ni siquiera visten de blanco! Algunos te preparan una tila doble en la madrugada o, con su apariencia de casi 70 años, son capaces de bajar volando dos pisos para preguntarte por la niña antes de que tomes el ascensor.

Ahora, sobre todo, necesito ver los ojos de ese otro ángel que duerme en algún lugar que deseo de todo corazón que sea plácido; necesito su dulzura y sus sonrisas, su ánimo sereno, y necesito, necesitamos, que sea pronto, cuanto antes muchísimo mejor.



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Vespreja

Sento el sopar espetarregant al foc –avui serà pollastre.

La ràdio informa com si res de tristors, tragèdies i decepcions.

La gossa espera, davant la porta del carrer, que arribi algú altre: jo no estic gaire per festes, en aquest moment.

Surto al balcó. L’aire gronxa tota la verdor dels arbres que, des d’aquí estant, semblen un riu mans i amic, les ones del qual ajuden a descansar els ulls castigats de la feina, del dia sencer, de les penes.

Aixeco la mirada cap el cel i, abans d’acabar d’enfosquir, un núvol encés de rosa travessa el blau a la banda de muntanya.

img_1426Respiro. Profundament. La frescor i la tranquil•litat d’aquesta hora reconforta.

El dia ha portat alegries també, gràcies a Déu. I reptes.

La vida segueix.

Vaig a veure com està el pollastre…

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Una vista magnífica del mar, des d’aquí dalt, i a mà dreta, allà lluny, el castell de Blanes; i badia rere badia, al fons de tot, entre una broma persistent –per més clar que sigui el dia-, Montjuïc.

En general, riures i veus alegres, i guitarres, ukeleles i aprenents de cantaires; i gossos enjogassats i llenyataires vocacionals, i timbes improvisades amb concentració de professionals.

És temps de fotos, de menjar tot el que es deixi cuinar a la brasa, de fer el llangardaix prenent el sol o d’abrigar-se com una esquimal, segons el caprici del cel; de caminar, de llegir, de no fer res… De pensar, de recordar, fins i tot de sommiar…

Trobem a faltar la nostra cronista de vacances, la família escampada per tot arreu, els estimats que tenim  mig adoptats i aquells que amorosament ens han acollit amb els braços oberts.

És temps de bandes sonores diverses, segons qui connecti el mòbil als altaveus.

És temps de respirar profundament.

És temps de parlar, de descobrir, d’aprofundir, de perdonar, d’estimar.

És temps de vacances, és temps de família.

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Quiero creer que la supuesta mejora en el salario merecerá la pena. Que el trabajo principalmente es para eso, para ganar el sustento, sobre todo cuando no es vocacional.

Y sí, es cierto. No sólo en la coyuntura actual, si no siempre: disponer de una ocupación remunerada es una bendición.

Pero, ¿qué hacer cuando la sensación, ya a estas alturas de la vida, es de pereza infinita respecto a la readaptación necesaria a un nuevo puesto de trabajo?taula nova

Sin embargo, confieso que me traiciona la curiosidad. Y estas ganas innatas de aprender cosas nuevas, aunque sean de gestión de asuntos referidos a… de cuestiones de… de temas relacionados con mundos absolutamente abstrusos para los simples mortales. Digamos que tienen su qué.

Y confieso también que los cursillos de formación han sido interesantes; y conocer la historia de la gestión, su evolución, las dificultades y las mejoras, los avances en los soportes técnicos… Vamos, ¡un mundo, ya os digo!

Y eso, que allá voy. Siempre adelante.

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Tú en el trabajo. Ocupada con tus papeles. Después, durante un rato, introduces datos en el ordenador. Quizá demasiado rato. Mejor levantas la vista para descansar los ojos y relajar la mente un momento. Pero las paredes y el mobiliario tan grises, y los compañeros tan concentrados y con esa cara de fatiga o aburrimiento igual que la tuya…

Procuras localizar alguna de esas pequeñas plantas supuestamente benefactoras que adornan alguna mesa, mayoritariamente minicactus, pero terminas pronto de buscar algo verde o colorido: es una oficina, qué quieres, aquí no hay una gran muestra botánica.

Tienes sobre la mesa unos cuantos expedientes por resolver, esperas que no sean muy complejos. Que es viernes. Que sabes que el agotamiento acumulado espesa el pensamiento y acogota las neuronas.

Después de leer un rato sabes que necesitas levantarte un momento, porque si no puede salir perjudicado, sin tú querer, algún que otro administrado. Hay que llevar un portafirmas a la subdirectora, te ofreces a hacerlo.

Te levantas, portafirmas en mano, te diriges a los ascensores, y te cruzas con un compañero que va en sentido contrario, de los de la casa, de siempre, que ya peina canas, que te dice, sonrisa en boca, “Hola, princesa”, mientras sigue su camino.

Y a ti se te distienden un poco los músculos de las cervicales, y se te disuelve una pizca el cansancio. Porque ese es el efecto medicinal de una palabra amable, de una mirada limpia, de una sonrisa franca.

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Dios nos ama y quiere acompañarnos en la batalla de la vida*

devocional-5-enero-2016

“Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas.” 1º Crónicas 29:11.

El rey David amaba a Dios y quería edificarle un templo, una morada visible en la tierra, en medio de su pueblo. Pero el Señor le dijo que él no era la persona indicada, puesto que era hombre de guerra y había derramado mucha sangre.

David, sin embargo, conocía quién era su Dios, y con el corazón lleno de humildad, gratitud y alegría, y deseoso de hacer un sacrificio de adoración, preparó de todos modos los materiales necesarios, y animó al pueblo a hacer lo mismo. Así juntó oro, plata, materiales de calidad, todo lo que requeriría la construcción de un templo digno del Señor de los cielos y la tierra.

Las palabras de David en el texto que nos ocupa son una declaración impresionante acerca de Dios… pero vemos que se le quedan cortas. Por eso, en su oración, emplea los conceptos más gloriosos y magníficos que encuentra para describir con el máximo honor a su Señor.

¿Cómo podía conocer David a un Dios que, en principio, es invisible? ¿Cómo podía saber de sus atributos infinitos? Por las huellas que de Él descubría en la naturaleza, por su intervención en la historia humana, por su experiencia íntima y personal, y por lo que ese Dios había revelado sobre sí mismo y había tenido interés en que quedara escrito.

Por supuesto que un templo hecho por manos humanas jamás podría emular la morada eterna del Dios vivo y verdadero: todo el esplendor y majestuosidad del edificio apenas serían un pálido reflejo de la realidad original. Pero el deseo de David era honrar de una manera digna a su Señor. Y ésa es la actitud: David ofrendó de lo que tenía con generosidad, y el pueblo también, voluntariamente y con alegría.

Cuando somos conscientes de quién es ese Dios de cielos y tierra, a quien pertenece toda la gloria y todo lo creado, nuestro acercamiento tiene que ser con humildad y gratitud, pues no somos dignos de Él y, sin embargo, no sólo se interesa por nosotros, sino que nos ama. ¡Y esto es asombroso! ¿Por qué debería amarnos un Dios así? A veces damos por sentadas demasiadas cosas…Estamos estrenando un año, y lo que tenemos garantizado es la batalla diaria de la vida. Este Dios que nos ama nos quiere cerca y nos espera con los brazos abiertos. Y quiere acompañarnos en nuestro caminar. Y la victoria es suya.

 

Tema de oración: Acerquémonos a Dios con corazón humilde y alegre, entreguemos nuestra vida en sus manos, y roguemos que nos conceda la victoria en nuestra vida.

 

*Publicado el 5 de enero de 2016 en: http://blog.mitiendaevangelica.com/dios-nos-ama-y-quiere-acompanarnos-en-la-batalla-de-la-vida/

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