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Archive for 21 julio 2011

Irlanda!

Irlanda és verda, molt verda. Ja ho sabia, però ho veig al google.

Irlanda és un vol que m’apropa a una gran illa i me la mostra primer abastable, després immensa.

Irlanda són núvols, i pluja.

Irlanda són penya-segats i roques grises molt antigues.

Irlanda són persones. I un anglès parlat amb accent, i el gaèlic. I no sé pas si ens en sortirem…

Irlanda és Història. A tots els indrets.

Irlanda és cervesa.

Irlanda són vacances, vacances de família. Potser l’última oportunitat abans dels canvis.

Ja es veurà, tot plegat… a Irlanda mateix.

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He tenido la gran fortuna de tener a varias abuelas en la familia, cercanas a las pequeñas y no tan pequeñas vicisitudes de mi existir, durante todos los años de mi vida… hasta este pasado viernes.

La última mujer que ostentaba esta categoría para mí, la de abuela, partió discretamente, de la mano de su hija, a su morada eterna. Sé de cierto que estuvo rodeada de cariño y atenciones tiernas todo el tiempo, y también sé que algunos ángeles vinieron en misión especial para asistirla en su último viaje. ¡Tenía tan poquitas fuerzas a sus 97 años!

Araceli Alonso Alonso nació en Navares de Enmedio, provincia de Segovia, en 1914, y fue la última de tantos hermanos, que me temo que nunca he sabido cuántos ni quiénes eran exactamente: el de Santander o el País Vasco, no puedo asegurarlo; la de Pedraza de la Sierra; la de Soria; los de Barcelona; el abuelo Juan, el padre de familia…

La tía Araceli vivió nuestra guerra civil: el horror de aquellos días, las muertes injustificadas, la asistencia a los damnificados que jamás se repusieron, ni ella misma. Yo la vi llorar, muchos años después, por toda aquella tragedia sobrevenida. También tuvo que afrontar una vida dura, y la pérdida del esposo en un tristísimo accidente. Y la enfermedad, y los problemas, y las decepciones.

Pero la abuela Araceli vivió una vida plena. Y todo comenzó el día que conoció a Dios de manera personal, sí, aunque parezca increíble, y aceptó a Jesús como su salvador y guía.

Nos cuentan su hija, su yerno, sus nietos, y el bisnieto que la llamaba ‘iaieta’, que Araceli fue una mujer íntegra, discreta, amable, que hizo gala de un saber estar exquisito en cada circunstancia. Y nos añaden que cada día, mientras la vista la acompañó, leía su Biblia, para conocer más y más a Aquél a quien ahora ya está viendo cara a cara. Como por las noches el sueño le huía, oraba, en largas conversaciones de gratitud y de intercesión, y adoraba a su Señor, y pedía por los suyos, por las necesidades de su pueblo, por los problemas de sus conocidos. En los últimos años también le falló el oído, y eso impedía que supiera al punto quién entraba en la casa y cuándo. Y su yerno la sorprendió en más de una ocasión cantando alabanzas a su Dios y salvador, en la cocina, mientras fregaba los platos o preparaba la comida…

Una vida entera, larga y entera, de fe, confianza y fidelidad.

Yo recuerdo a la tía Araceli sonriendo, cariñosa, dándome besos, repartiendo dulzura. Esperaba llevarle en mano la invitación para la boda de mi hija, para que se alegrara con nosotros… Quizá creí que siempre estaría aquí, que nunca se marcharía, y que habría tiempo. ¡Qué tonta fui! Y echando cuentas, ahora veo que hace mucho que no la visitaba.

En todo caso, es para mí un honor haberla conocido. Y me honra llevar la sangre de Araceli Alonso, la última de los Alonso Alonso de Navares de Enmedio, que vivió durante muchos años en Mollet del Vallès. Pero mucho más me alegra formar parte de esa otra familia, la que ella eligió y yo también, la que formó Jesús de Nazaret al precio de su propia sangre. Por eso sé que volveré a ver a mi tía Araceli, aunque ahora guarde la pena de su pérdida: porque ella ya está en la casa del Padre, que es adonde yo me dirijo también.

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