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Archive for 4 noviembre 2011

Australia

Hay palabras que durante un tiempo significan bien poca cosa para una hasta que, de repente, cobran un sentido especial por una serie de circunstancias.

Los que hicimos la E.G.B. y sacamos cierto partido de los estudios, la geografía la llevábamos bastante bien, de manera que no nos era difícil ya desde 5º o 6º curso ubicar Australia en un mapa mudo. En realidad, éste era uno de los países más fáciles de localizar, para qué decir otra cosa.

Pero de unos años para acá la palabra Australia ha comenzado a sonar de cerca y de lejos, en casa, en televisión, en reportajes de prensa, y parece ser que todo el mundo tiene un familiar, amigo o conocido que se fue a vivir a Australia… y no volvió. A mí me recordaba un poco a cuando estaba embarazada y todas las mujeres te contaban partos con final trágico. Que yo me preguntaba: ¿nunca se produjo un nacimiento feliz, sin contratiempos, tal como se supone que ocurren estas cosas? En fin, que ya vuelvo a lo que decía. Y empezaré por el principio.

Mi hija mayor comenzó a querer a un muchacho, después de que él la quería a ella desde hacía tiempo y estaba convencido de que ella sería su mujer. Con el paso de los meses comenzaron a hacer proyecto de vida juntos y, para no extenderme, este plan que trazaban incluía Australia. Recuerdo que cuando conocí a la, en aquel entonces, mi futura consuegra, me apartó un momento de la conversación general y del grupo, y me preguntó: ‘¿Has sido tú la que les ha metido en la cabeza esto de Australia?’.

¿Yo? ¡Pobre de mí! ¡Que yo también soy madre! Y aunque crío a mis hijos para volar lejos del nido… ¡no hace falta que vuelen tan lejos!

Como veíamos a nuestra hija y a su novio determinados, convencidos, ilusionados, con los detalles preparados para su nueva vida allí, los estudios, sus contactos y amigos, ¿qué podíamos decir? Yo sólo apunté que, si no querían ver a las suegras, que no hacía falta exagerar, y que lo único que se me ocurría más lejos era ya la luna, pero en fin…

Australia, desde ayer, no son canguros, ni boomerangs, ni cucarachas y arañas que hay que matar a machetazos pues la escoba española no sirve; no son olas gigantes, ni arrecifes de coral, ni desiertos inmensos; ni ciudades preciosas y ultramodernas, ni ciudadanos llegados de todo el mundo.

Australia es mi niña, mi pequeña tan mayor, y su marido, y sus sueños, y su empuje de juventud para vivir una vida disfrutándola, luchándola, saboreándola.

Ahora nos interesará la política de Australia, la meteorología, los programas de televisión, el cine, la gastronomía, los paisajes… Hillsong, por supuesto.

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