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Archive for 27 abril 2011

Simplemente alza los ojos

Algunas ciudades, en determinados momentos, en según qué barrios y zonas, parecen querer aprisionarnos. Sólo presentan paredes, la mayoría de las veces en toda la gama de grises, ocres y marrones, a modo de laberintos carcelarios, con pocas posibilidades de salida.

Algunos días caminamos por las calles atendiendo a los semáforos, procurando no chocar con los otros peatones, intentando no pisar las deposiciones caninas, y vamos con prisa, abstraídos en nuestras miserias, que también nos atrapan y en ocasiones casi nos engullen.

Si por casualidad, o porque oímos el trino de un pájaro, o una radio que suena desde una ventana, alzamos los ojos, nos sorprendemos al ver las copas de los árboles columpiándose suavemente con el viento, en sus distintos tonos de verde que dejan filtrar porciones alargadas de sol. E instintivamente ralentizamos el paso y respiramos un poco más hondo. Y, si mostramos algo más de inteligencia activa, alzamos todavía más la vista y nos damos cuenta de que, más arriba, se ve el cielo, limpio, espectacularmente azul. Y nos preguntamos qué hacemos el resto del tiempo con la cabeza gacha en lugar de levantar la mirada, y cómo podemos ser tan descuidados con estas cuestiones. Entonces nos damos cuenta de que a lo lejos, más allá de los edificios, de los cables y de la ciudad, se encuentran las montañas, y encima, o detrás quizá, no se distingue muy bien, se levantan unos cumulonimbos (se llaman así, ¿verdad?), ¡que brillan en dorado!

Y todos los días podríamos disfrutar este espectáculo, o alguno parecido, u otro completamente distinto pero igual de impresionante. Simplemente deberíamos alzar la mirada, ¿no?

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Algunas personas son felices contemplando escaparates de tiendas de ropa. A otras se les hace la boca agua frente a las pastelerías, colmados y ciertos establecimientos de alimentación presentados con esmero. A otras se les van los ojos admirando las joyas expuestas en esas delicadas muestras detrás de unos cristales que reflejan brillos exquisitos. Otras disfrutan acercándose a los libros.

Títulos, autores, diseños de portada… contraportadas, argumentos, más títulos, más autores, el olor del papel, más historias, los sueños que intuyes, las breves biografías de los escritores, los clásicos, la sección de novedades, el olor de la tinta, las rarezas, la música y la luz y el sabor y el olor y el frío y el hambre en palabras… los pasillos y las estanterías de la librería, la librera y el librero expertos, los poemas, más cuentos, la caricia furtiva a una portada especialmente atractiva… la alegría y la soledad y la perplejidad y el dolor y la traición y la pérdida, más poesía… Y se te pasa el tiempo que no te das ni cuenta, y no encuentras el momento de marchar, y te cuesta elegir entre tanto bueno y, si no fuera porque el bolsillo te ayuda a decidir y el espacio en tu casa te aconseja definitivamente prudencia, te llevarías diez, quince, veinte volúmenes en cada incursión a esos que tú consideras templos de todas las otras vidas posibles.

Este sábado 23 de abril en toda Cataluña es la fiesta de los libros y las flores, y la primavera y la alegría. Así lo vivimos muchos. Confieso que tiene más encanto cuando coincide con un día laborable y el ambiente es igualmente festivo. Pero de todos modos van a estar los autores firmando sus obras en las ramblas de los pueblos y ciudades, en las aceras delante de las librerías, acompañados de los puestos de rosas de colores casi imposibles. Estarán los autores consagrados, los que están haciéndose un huequecito en el universo de las palabras, y los absolutamente noveles.

Y para los lectores, especialmente, será su gran fiesta. Porque es cierto que muchos paseantes asaltarán las calles y se contagiarán de un espíritu obsequioso difícil de describir, que acompañado de sol y de multitudes, crece año tras año. Pero aquél que lee siempre, que tiene autores favoritos, el que ha descubierto a alguien… ése celebra sinceramente el motivo del día.

Aquí al lado estarán firmando Almudena Grandes, Elvira Lindo, Eduardo Mendoza, Carmen Posadas, Espido Freire, Emili Teixidor, Maruja Torres, Rosa Montero, Manuel Rivas, Asha Miró, Paul Preston, Sergi Pàmies… ¡Qué maravilla!

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A veces se me atasca la pena. Una va cargando con lo que la vida, en su transcurrir cotidiano, te depara en cuanto a dificultades diversas: preocupaciones por la convivencia en la casa, las cuestiones de salud de la familia, la situación económica que hay que ir trampeando de la mejor manera que se te ocurre, los anhelos que van perdiéndose y ahogándose una no sabe dónde ni cuándo.

Pero hay ocasiones en que se suman golpes innecesarios, caprichosos e injustos en forma de decepciones tan grandes, tristezas tan abrumadoras, ofensas, que no es que se te hace un nudo, sino una pelota de nudos que se queda suspendida por encima del esternón, entre los pulmones, e irradia una opresión hasta los hombros que no te permite caminar erguida, un picor hacia los ojos y una pesadez hacia las piernas que te hace difícil avanzar.

Y te sientes tan anonadada que no puedes ni llorar. Te cuesta conciliar el sueño y si, después de noches de insomnio lo consigues porque tu cuerpo cae derrotado, apenas tienes unos segundos al despertar antes de que la pena vuelva a caer sobre ti con todo su peso.

Sabes que necesitas llorar, que te ayudaría a liberar parte de tu dolor. ¡Qué bendito mecanismo de alivio y sosiego! Pero no puedes. Y miras la programación de esa noche a ver si dan alguna película que ayude a llorar. Algunos ya me entendéis, pero quizá más algunas.

Pues bien, hoy necesito una peli para llorar.

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