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Archive for 25 junio 2011

En mis últimos veinticinco años de vida he visto en el cine más películas de dibujos animados que de las otras. No digo que estuvieran mal (es más, algunas estaban francamente bien), pero a mí me apetecía ver películas con personas humanas, actrices y actores interpretando papeles. Debo confesar que también disfruté de las hechas por ordenador, que me asombraban por su perfección.

Pero mi vida cambió cuando llegaron las sagas de Harry Potter y Piratas del Caribe. ¡Por fin! Pelis de niños con personas de carne y hueso…

Acabo de ver Piratas del Caribe, la cuarta entrega: En Mareas Misteriosas. Me habían dicho que el argumento era el más flojo de los cuatro, yo ya me temía que no salía Will Turner (Orlando Bloom), pero, aun y así, claro que fuimos a verla.

¡Qué queréis que os diga! Los más guapos, los más dignos y elegantes, los que sabían a qué atenerse y no perdían el rumbo ni el objetivo, los españoles. Y sólo hace falta comparar los reyes: Óscar Jaenada, por los españoles; Richard Griffiths, ¡el tío Vernon de Harry Potter!, por los ingleses (¿qué nos ha pasado desde entonces, que éramos un país donde nunca se ponía el sol?). No me extenderé hablando de las melenas tan bien cortadas, las capas sobre esos trajes que les sentaban como un guante, las espadas, la apostura… En fin. Que por ahí, la película ya iba bien.

Y el argumento, pues de aventuras, como debe ser. Con piratas que se ahogan en tierra y necesitan un barco, y que buscan la Fuente de la Juventud, y tienen un mapa; con sirenas traicioneras, con buenos y malos, con Barbanegra –el pirata al que temen los piratas-, Angélica (Penélope Cruz), nobles y ruines; y Jack Sparrow, perdón, el capitán Jack Sparrow, tan zumbado y tan pirata como siempre. Y todo con muy buen ritmo, muy buena fotografía de unos paisajes de ensueño en ocasiones, y la espléndida banda sonora de Hans Zimmer, esta vez de la mano de Rodrigo y Gabriela, con sus guitarras, que la hacen más nuestra.

Supongo que los guionistas ya lo tienen todo considerado, pero yo apuntaría, como temas insoslayables para la próxima entrega: recuperar La Perla Negra e incorporar de manera más o menos verosímil a Will Turner. Lo demás lo dejo a su criterio, que hasta aquí lo han hecho muy bien.

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Exámenes finales

Al llegar estas alturas del mes de junio, cuando el calor mediterráneo comienza a dejarse notar y lo más inteligente sería irse a dar una vuelta por el paseo marítimo, o bajar al parque o a la rambla como mínimo, algunas de las madres, tozudas nosotras, cabezotas y tercas donde las haya, no nos dejamos vencer por la tentación ni por unos boletines de notas desastrosos.

¿Que nuestros hijos no han hecho apenas nada durante el curso? Vamos a conectarles las neuronas y, en dos semanas, vamos a sacar todas esas asignaturas rebeldes. Sí, desde la primera evaluación hasta la última. ¿Que no se puede? ¡Y tanto, que se puede! Algunos ya saben de qué hablo.

Se organizan equipos de ataque y se elabora un plan: el padre se ocupará de ciencias naturales, física, historia, plástica; la madre de matemáticas, sociales y tecnología, lenguas diversas y literaturas; siempre puede pedirse ayuda a otros parientes cercanos o jóvenes estudiantes que tengan la decencia de no dejarte colgado porque ellos también tienen exámenes en la universidad.

Estos días, cuando sales a comprar y te cruzas con una madre, le dices: ‘Qué, cómo lo llevas’. Y ella puede que te conteste: ‘Este año me están costando un poco los problemas de movimiento elástico e inelástico y de diferencia de potenciales; y las integrales, porque el año pasado no acabé de entender muy bien lo de los límites…’

Y tú te acuerdas de la madre de tus hijos… que en definitiva eres tú.

A ellos les oyes entonar de nuevo la canción de principios de cada verano: ‘El año que viene… trabajaré desde que comienza el curso… haré todos los deberes… que no cuesta nada poco a poco… estudiaré para cada examen…’ Te sabes la letra y la música, y también que es pura fantasía.

El día de la entrega de notas tú estás como un flan. Y no eres la única. Y escuchas las valoraciones de un padre: ‘Al final me ha quedado inglés. Nos centramos mucho en las mates y en natus. Y también plástica, pues se ve que nos faltaban dos láminas por entregar’.

Porque, que nadie se engañe, el curso nos lo sacamos nosotros en estos casos. Y somos nosotros, los padres, los que pasamos. Y nuestros hijos están contentos… pero nosotros mucho más, por la pereza que supone volver con los mismos temas hijo tras hijo. Y si encima tenemos que repetir…

P.D. Para los que quedasteis preocupados por Oker y su nueva tendencia destripadora: los especialistas nos han informado (y no es broma) que se debía al estrés que vivía la familia por causa de los exámenes finales. Queda dicho.

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Oker

Sigo encerrada en mi habitación. Desde hace rato tengo sed, pero no me atrevo a salir. Aunque ahora no la oigo, sé que anda por ahí fuera, al acecho. Tiene un oído tan fino que, por más que yo crea que no hago ruido, ella siempre está en la puerta, aguardándome con esa mirada que no sé interpretar pero que, en todo caso, me echa para atrás. Especialmente ahora que se ha manifestado como una digna sucesora de Jack, sí, el Destripador.

Si no recibo auxilio exterior, en mi situación actual que me impide los movimientos rápidos… Para ser más exacta, que me impide los movimientos. Este dolor que me atenaza la espalda desde la zona lumbar  me invalida como ser móvil, y podré resistir apenas unos días, una semana como mucho.

Ahora me doy cuenta de que hubo circunstancias que teníamos que haber interpretado como indicios, o como oportunidades para librarnos de ella. A las cuatro horas de estar con nosotros en la casa se rompió una pata. ¡Pobrecilla, si es un cachorrillo! ¿Nadie recuerda el escalofriante sonido, en la noche, cuando rondaba con su pata de palo? Si la pirata detenía su ronda era que estaba destripando, ya en aquel entonces, lo que encontraba a su paso.

Ten paciencia, que aprenderá. Pues alguien le está enseñando al revés. Yo echo cuentas: dicen que para los de su especie los años corren de diez en diez, o más. ¿Cómo puede revelarse ahora tan aficionada a comerse cables, enchufes, auriculares, cascos? ¿Por qué destripa todos los cojines del sofá? ¿Piensa dejar algún pomo de algún mueble sin desmigajar? Yo lo interpreto como una señal a tener en cuenta porque, en realidad, su instinto natural es la carne, comer carne cruda…

Yo no pienso salir de la habitación hasta que alguien venga a rescatarme de las garras de Oker la Destripadora. Y quizá, cuando deje de tomar este cóctel de calmantes, pueda ver las cosas de otro color…

 

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