Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 20 octubre 2012

Catalunya: ¿de qué estábamos hablando?

Os cuento una pequeña anécdota de esta semana. Cierto hermano en la fe, que me garantizó por escrito su aprecio, se pregunta por qué, en un texto escrito en castellano, se introduce la palabra  Catalunya , así, en catalán. Puedo apuntar varias razones: argumentativas, de énfasis, incluso literarias… Los evangelistas, que escribieron su texto en griego, intercalaron también el  ‘Talita cumi’  o el  ‘Elí, Elí, ¿lama sabactani?’ , en arameo. Si aplico el mismo adjetivo que el tal hermano aplica a quienes emplean este recurso, los evangelistas son ‘burros’ … (lo colgó en su  tuiter ).

En mi reflexión de la semana pasada, amigos, yo hablaba de  libertad . De poder tener distintos pareceres y de ver la vida de diferentes maneras,  ¡incluso en temas relacionados con la política! Todos somos dados a juzgar, y a etiquetar como equivocados  a los demás. Quizá los evangélicos, los  conocedores de la verdad del Señor , más que el resto de los mortales.

 La libertad de pensar, de decidir y de actuar es un don que Dios otorgó a los humanos como uno de sus más maravillosos regalos ya allá en el Edén, como parte esencial y definitoria de su naturaleza . Lo vemos en las primeras páginas de la Biblia.

 Al dar vueltas a estos temas, al de la libertad y a éste que parece tabú -pero tan tabú-, el de la política, he llegado a la conclusión de que es probable que no se pueda comprender del todo la realidad del otro, por más que a uno le sea explicada . Vendría a ser como, por ejemplo, que una persona no puede ponerse verdaderamente  en la piel del que ha recibido el diagnóstico de una enfermedad terrible y mortal, o no puede sentir  cabalmente  el dolor del que ha perdido al cónyuge: si no se ha vivido, se puede acompañar, pero no  saber .

Quizá con las cuestiones culturales, territoriales, políticas -me digo-, ocurre algo parecido. Entonces, sigo diciéndome, habría que aplicar, entre hermanos, no la tolerancia, que a mi modo de ver implica condescendencia, sino el  respeto . Y el  amor . No se trata tanto de generosidad, como de ver que, si ni siquiera Dios nos impone su voluntad a la hora de decidir, ¿cómo puede nadie pensar en decidir en lugar del otro, del directamente interesado?

 Se trata, insisto, de libertad. Por eso, es de una importancia relativa la Historia, en este caso que nos ocupa, si nos encontramos frente a un cambio de voluntades . También porque se trata de personas adultas que  deciden , y no necesitan la  tutela paternalista  de nadie. Y no es de recibo que a uno le indiquen lo que debe  sentir  respecto a su comarca, a su hogar.

Se trata de democracia, de consultar y de ver qué quieren las personas directamente afectadas, y de actuar según lo que manifiesten.

Por definición, siempre es mejor sumar que dividir, aunar fuerzas y recursos antes que restar; y ése es también mi modo personal de ver las cosas. Ahora bien, es verdad que en ocasiones, cuando no se vislumbra la posibilidad de acuerdo, no hay que rasgarse las vestiduras si una parte tira por un camino y otra por otro: Pablo y Bernabé se encontraron en esa misma tesitura, y ni se acabó la proclamación del evangelio ni se extinguió la Iglesia.

 Cuando los argumentos esgrimidos son la burla, la etiqueta despectiva, el desprecio o los posibles tanques, es que su solidez no es, como apuntábamos la semana pasada,  incuestionable , y en todo caso, su virtud sí es reprobable.

Lo más preocupante es que este tipo de argumentos  tan fundamentados  somos dados a utilizarlos en más de un ámbito. Recuerdo que cuando yo era pequeña se me enseñaba casi como Palabra de Dios que los varones no debían llevar melenas ni barba, ni las mujeres pantalones; que no se debía ir al cine…

 Nosotros, no; no deberíamos ni intentar estos fraudes. Si no son  mandamientos divinos , si no estamos ante doctrinas fundamentales, si no se comprometen dogmas sagrados, no hagamos trampa: la Constitución Española no es la Biblia, decíamos; se puede ser nacionalista de cualquier color y cristiano a la vez; se puede sentir diferente, se puede pensar distinto, se puede discrepar de manera irreconciliable en muchísimas cuestiones… y aún así ser un fiel hijo de Dios; porque las cuentas son con Él, no con el parecer personal de ningún otro .

Cuando se pretende lo contrario, se atenta a la inteligencia de los creyentes, y se es tropiezo y escándalo para los que se acercan al pueblo de Dios.

Los protestantes en España, que hemos suspirado durante siglos por libertad, deberíamos ser los primeros que, teniendo el conocimiento del evangelio liberador, aplicáramos a nuestro alrededor una actitud y un hacer en esta línea y no en la opuesta. Y ser ejemplo gestionando nuestras diferencias, amándonos entrañablemente con el amor del Señor por encima de todo.

Escribo estas líneas finales en viernes, contemplando una semana sorprendente. A parte de los ciudadanos que se han quedado en casa, otros han expresado libremente su parecer respecto a la crisis y su gestión de manera pacífica cerca del Congreso de los Diputados, en Madrid.

 Y en Cataluña se han convocado elecciones. Personalmente creo que son las más interesantes que he vivido hasta hoy (yo era pequeña cuando las primeras de la democracia ) . Tengo sensación de vértigo, es verdad. Y de vivir un momento histórico. También estoy convencida de que todas las cuestiones se pueden llevar a cabo de una manera correcta e inteligente, o necia y dañina, considerando con sabiduría al interlocutor que se tiene delante. Pero creo que cabe la posibilidad de la racionalidad, ¿no?

Escucharemos a los políticos de aquí y de todas partes, y sus argumentos; echaremos cuentas, haremos números. Valoraremos que siempre nos han engañado, todos; que han incumplido sus promesas tantas veces; que en sus filas tienen a imputados por gravísimos casos de corrupción, casi todos, y otros delitos varios; que la política, en general, es para ganancia propia y por poder, no para servir y ministrar al ciudadano; seremos conscientes de que es maldito el hombre que confía en el hombre …

Aún y así, si mis conciudadanos deciden en su mayoría que se empieza un proyecto nuevo, ahí estaremos. Siempre he procurado ser cumplidora y dar la talla, y me gustan los nuevos proyectos, lo confieso, en el sentido de la esperanza que ofrece un recomenzar en lo que se pueda.

 Creo que debemos arrodillarnos e interceder, y amarnos, sobre todo amarnos, de hecho y en verdad .

Por cierto, en mi iglesia local estamos también con un nuevo proyecto, y quiero creer que la mayoría de los hermanos en la fe están haciendo esto, orar por nosotros. Sin embargo, me consta que no es del todo así…

 
©Protestante Digital 2012

Publicado en Protestante Digital el 30 de septiembre de 2012

 

 

 

Anuncios

Read Full Post »

Catalunya y ciertas verdades <em> incuestionables</em>

Les habla una catalana, seguramente pardilla y desinformada, como cierto amigo muy prestigioso en este periódico no cesa de hacerme notar, pero lo hace con honestidad.

Los creyentes evangélicos, no sólo en nuestro país, sino que me atrevería a afirmar que en todas partes, somos personas de fe, sí, pero por convicción, no crédulas o fanáticas, y tenemos la sana costumbre de analizar las cuestiones que se nos presentan, sopesar los argumentos, y sacar las conclusiones desde las premisas planteadas.

 España se halla en un momento difícil por una crisis negada en un principio y, según mi opinión no cualificada, mal gestionada todo el tiempo, priorizando equivocadamente los énfasis. La situación, a mi parecer, es tan grave, que cuando pienso en mi futuro personal, siento que me cubre una nube de seria preocupación , y trato de imaginar alternativas viables que me permitan sobrevivir a mí, a los míos, a mis mayores. Pero cuando pienso en nuestros hijos, el corazón se me encoge, y le pido a Dios que les ayude mucho a tomar decisiones sabias y acertadas en su caminar.

 Otra cuestión es la de una posible variación de la relación entre Cataluña y España. No hay que  melodramatizar  (sé que la palabra no existe en castellano).

Y aquí es donde yo planteo las cuestiones de fe que he insinuado al principio: yo tengo como  credo , quizá como muchos de los que me leen en este momento, el que recoge la Alianza Evangélica, como resumen clarificador de lo que enseña la Biblia. Porque mi base de fe y conducta es la Palabra de Dios, y de ahí derivamos, los cristianos, los principios y los valores que nos mueven en nuestro vivir diario, o que sabemos que deberían hacerlo.

 La Constitución Española no es la Biblia: es un consenso, es la legalidad vigente, pero no tiene ni puede tener vocación de  infalibilidad  ni de  permanencia eterna . Lo digo por lo de los argumentos que se presentan como  incontestables , cuando todos sabemos qué papel tienen estas  cartas magnas  para los estados: son revisables, releíbles, enmendables, incluso abolibles para ser sustituidas por nuevas constituciones.

Una de las cuestiones que siempre me llama la atención es también la carga que se le da al vocabulario. Muchas veces lo hacemos para ser más expresivos, pero su uso en política nunca, nunca, es inocente.

Yo me pregunto, por ejemplo, por qué ser  nacionalista  casi equivale a ser hijo de Satanás. El nacionalista español, el vasco, el catalán, mal que bien, incluso está cumpliendo mandamientos bíblicos, pues ama y respeta la herencia recibida de sus padres, y quiere conservarla y que perdure. Este sentimiento es el que en nuestro Estado tienen más acentuado los que, por un motivo u otro, han vivido con algún rasgo diferencial de suficiente peso, como un idioma, una historia común, una identidad reconocida, y que hace que, incluso entre los creyentes, encienda en sus corazones un calor especial por su patria terrenal, aun sabiendo que peregrinamos hacia la celestial.

Pero  no es  pecado , a la luz de las Escrituras, ser nacionalista, por más que algunos se empeñen: sólo es otra forma de entender el mundo, otra forma de ver esta pequeña parte del planeta Tierra. No son radicalismos o maximalismos; es diversidad, es diferencia de opinión: y eso también es bíblico , primero porque Dios nos hizo a todos distintos, y segundo porque no atenta contra la divinidad de Cristo, la naturaleza del Espíritu Santo, la doctrina de la Segunda Venida…

Y también es cristiano procurar entendernos, dialogar, escuchar, proponer soluciones. No estoy hablando de política. Fijaos, si esto se entiende que debe ser así, ¿por qué no debería aplicarse también a la política? ¿Quizá porque aplicamos criterios de visceralidad ancestral, que no tienen nada que ver con el amor, la libertad o la racionalidad?

Sigo hablando desde el corazón (y la ingenuidad, pensará alguno). Es una reflexión en voz alta, pero me tomo la molestia de escribirla, sabiendo que desde otras sensibilidades la cosmovisión es distinta, porque la información también es sesgada.

 Tengo la suerte de tener en mis venas sangre castellana y catalana… y de mil procedencias más, me imagino, hallándose esta Península Ibérica nuestra en medio de todas las rutas en todos los tiempos. Y viajo, y visito a mi familia y a otros hermanos y hermanas en la fe. Y me encuentro en ocasiones, en más de una y de dos oportunidades, que cuando me reciben como huésped y me ofrecen hospitalidad, de forma más o menos explícita o velada  me exigen que en mi casa dejemos de hablar catalán ; que sólo es por fastidiar que lo hacemos; que Dios no recibe el culto en esa lengua, me gritan; y me llaman mentirosa cuando les explico cómo es la vida en el lugar donde yo vivo, que creo que hablan de otro lugar y no de donde yo provengo … No es el famoso  victimismo catalán , es la realidad. Y cuando les tengo invitados en mi propio hogar, algunos de éstos que se supone que me quieren, los que son mi familia, mis amigos, mis hermanos, también  me insultan .

Esto, evidentemente, es una generalización, pero no tanto. Y entonces yo me pregunto, frente a esta animadversión tan manifiesta, ¿por qué tanto interés en que Cataluña y España sigan un camino común? Si no caemos bien e incluso se nos lanzan amenazas -sí amenazas horribles y en mayúscula- de todos los colores si se plantea un alto en el camino para repensar la cuestión, ¿qué es lo que se debe querer de los catalanes? A mí, sencillamente, me parece sospechoso. Y luego usar el tema de los miedos: frente a lo nuevo y frente a lo conocido y atroz…

 Sigo pensando y me cuestiono si quizá éste era el mejor momento para hablar así de claramente de la  independencia  de Cataluña, y veo que son mis conciudadanos, mis vecinos, quienes así lo han querido, pacíficamente y en un ambiente festivo. Y me digo:  ‘Se han expresado libremente. Espero que se escuche y se actúe por ambas partes con sabiduría e inteligencia, para el bien de todas las personas’ . También pienso que algunos nunca hubieran encontrado el momento para hablar de este tema ni que pasaran mil años más y cambiara toda la faz de la tierra alrededor.

Ruego por la misericordia de Dios para España, para  Catalunya , para Europa y para este mundo entero que gime. Pero no entiendo por qué el Señor tendría que estar enojado por pensar en gestionar un pequeño país de otra manera…

©Protestante Digital 2012
Publicado en Protestante Digital el 23 de septiembre de 2012

Read Full Post »

A %d blogueros les gusta esto: