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Archive for 13 enero 2011

Llega con el tiempo demasiado justo a la oficina. No sabe muy bien por qué, pero desde hace unos meses los minutos se le escapan desde que se levanta, y no le cunden como antes. La ducha, un breve desayuno… y porque la ropa y cualquier otra cosa se las deja preparadas ya por la noche: por la mañana no atina a conjuntar las piezas, a planchar la camisa, a coger los documentos que debe llevar.

No tiene la certeza de a qué es debido, pero ella lo sospecha, y ha leído que la leche de soja le puede ayudar. En todo caso no le hará ningún mal. Si no fuera por ese sabor a pintura mezclada con césped que le encuentra… También le da la sensación de que la ciudad se ha agrandado, que las distancias son más largas. Sale una parada después en el metro porque el camino hasta el trabajo lo puede hacer cuesta abajo.

Quizá es el colchón, porque siempre está cansada, aun cuando se levante después de dormir las ocho horas que dicen que son las necesarias. Tal vez debería considerar la posibilidad de comprar uno nuevo.

Si al llegar a casa no tuviera que hacer escalas en las tiendas, y cargar la comida para los suyos; si no tuviera que poner la lavadora en cuanto pisa el hogar, ni destender la ropa seca; si no quedaran camas por hacer, y estuviera ya todo barrido…

Sabe que el tiempo no perdona. Y le da vueltas a esa nada que se mide. Por la huella que va dejando en su cuerpo, en su rostro; por la fuerza y la destreza que le ha ido robando; por la lentitud y el empequeñecimiento que le ha proporcionado. (más…)

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En el camino

Parece que mis piernas, por fin, responden y caminan. El sendero se dibuja bajo mis pies a medida que avanzamos, mostrando como sombras los olivos, los arbustos, los peñascos. Las colinas, familiares, las de siempre. Y el cielo, salpicado de infinitas estrellas, como en tantas otras ocasiones. Aún se oye desde aquí el balido de alguna de las ovejas, abandonadas precipitadamente por ver si es cierto. Que lo es. Porque ha ocurrido realmente.

 Hace un instante: aquel ángel estaba allí, con nosotros, y aquella luz, más intensa que la de mil soles, nos ha rodeado. Y nos hemos asustado. Era claro que estábamos en la presencia del Señor. Y hemos oído las palabras, y poco a poco hemos levantado nuestros rostros, y nuestro corazón se ha llenado de un gozo y una reverencia infinitos. ¿Es hoy, el día? ¿Es aquí el lugar? Sí, la ciudad de David, Belén efrata dijo el profeta… Tantas veces anunciado, tan anhelado durante tantos años por su pueblo, tanto tiempo con la esperanza puesta en Él, ¿y ha nacido ya, el Cristo, el Mesías?

Y se nos ha anunciado a nosotros. ¿Cómo se ha fijado el Señor en estos montes? ¿Ha oído nuestros rebaños? ¿Escuchaba, quizá, nuestras palabras? ¿Que miraba, nuestro Dios, a nuestro corazón? El deseo de su venida es gritado por sus hijos, en medio de los que, por la tardanza, aseguran y argumentan que no vendrá. ¡Ha venido, el Salvador…!
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