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Archive for the ‘reflexiones’ Category

Explicar contes als nostres fills.

Imagen de Tumisu en Pixabay

Parlemne es un programa de Radio Bona Nova

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Joan 19:30

Dos minuts de reflexió no fan mal a ningú

 

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Trastorn per dèficit d’atenció amb hiperactivitat – TDAH, amb Sara Jordà

Parlemne es un programa de Ràdio Bona Nova

 

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Dos minuts de reflexió no fan mal a ningú

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Dos minuts de reflexió no fan mal a ningú

 

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Tinc la sospita que quan nosaltres marxem a treballar, el barri es transforma.

Ho dic perquè, quan algun cop hi he estat fora d’hores, no trobo la mateixa gent al carrer, ni és la mateixa llum la que reflecteixen els arbres, les voreres, els edificis, ni s’escolta la mateixa remor.

Crec que el senyal és quan els últims avis deixen els néts a l’escola…

Les cafeteries s’omplen dels habituals, a qui les cambreres atenen per nom i pregunten, per la coneixença, coses quotidianes de salut, de compres, de família, de gestions petites i grans.

La gent que treu el gos ho fa d’una altra manera, amb vocació de passeig llarg, d’estona per jugar, de prendre el sol mentrestant.

Veig senyores grans amb aquells carros de compra que els fan de caminadors anant a les botigues de barri, les poques que encara no han tancat per sempre: la merceria, el rápido pel calçat, la ferreteria, el forn de tota la vida. Són aquestes botigues on hi ha cadires per seure mentre esperes el torn i pots parar-te a parlar amb la veïna, i molt probablement sabràs què pensa fer de dinar.

Tornen amb els carros sense omplir gaire, perquè són pocs… o ningú més a la casa, i perquè volen sortir cada dia al carrer. La perruqueria, potser setmanal, és un altre dels rituals que endevino.

Pels matins, als bancs de la rambla, més aviat seuen els homes. N’hi ha dels que arreglen el país i el futbol, i d’altres que callen, que només hi són, sense poder escollir la companyia, sense triar el lloc, amb tots els anys al damunt sense esperar ja gaire res, només no haver d’anar a l’hospital i que no els portin a una residència.

Sempre em sorprèn veure com carreguen el cotxe per anar d’excursió les persones amb places d’aparcament reservades per a minusvàlids: bosses amb entrepans, canyes de pescar, neveres, calçots, escopetes, bicicletes… Podria dir que segurament sento enveja parcial, no per la discapacitat, és clar…

Trobo també, en poques ocasions, mares afortunades i pares amb els seus nadons, i algun personatge disfressat d’esportista que sembla que en breu començarà l’entrenament.

A qui no he trobat mai, però mai, és als podadors de l’ajuntament que s’anuncia que han d’arreglar l’arbrat perquè no ens trenqui els vidres de les finestres. Alguns dies veiem màquines que suposem que són d’ells, però si cada any les branques són més i més llargues, potser no han tallat prou. No tenen compassió de que escombren i ens arrabassen les nostres flors i cultius que prou que ens costa de fer-los prosperar aquí a la ciutat!

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Dos minuts de reflexió no fan mal a ningú

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Voy a hacer esta entrada en mi blog porque el trabajo de los funcionarios y el resto del personal que trabaja en cualquier lugar más o menos perdido del mundo merece ser puesto en valor por quienes hemos sido beneficiarios de su labor. El Consulado de España en Pekín fue para nosotros el lugar donde hacer pie en medio de un país que experimentamos como estar en alta mar en una frágil barca en medio de la tormenta.

La llegada precipitada a China supuso realmente un choque cultural, y gracias a Dios que íbamos prevenidos por una paciente que había sido tratada en el mismo hospital al que llevamos a nuestra Sara. Horarios diferentes, costumbres hospitalarias chocantes (solo trataban a los pacientes, no les daban comida; no limpiaban la habitación, no había auxiliares de clínica ni celadores…), y el idioma. El idioma con su escritura incomprensible también y un código gestual que tampoco coincidía en nada con el que nosotros más o menos manejamos aquí (ayer, después, dónde…). Y el inglés, el que hablaban allí, que era incompatible con el nuestro y apenas había puntos de conexión para entender lo que nos decían[i].

Y todo lo que podía solucionar la tecnología, con traductor de Google o lector de ideogramas chinos, quedaba a expensas de la conexión a Internet, que nos fallaba rato sí, rato también. Así que era difícil comunicarnos con las doctoras y enfermeras, e imposible hacerlo con los familiares de los otros pacientes que estaban allí también todo el día, o en el supermercado, o en el hotel… donde no había nadie que hablara inglés, ni siquiera el suyo. Sí, todo muy sencillo.

Vivíamos aislados en medio de la pena y sufrimiento que llevábamos, hasta que los amigos de España comenzaron a enviarnos contactos en China, que nos asesoraron, visitaron, atendieron y acompañaron hasta el final[ii].

Hubo uno de los contactos, que nos fue facilitado con mucha prevención y misterio (yo creo que era un espía, por lo menos), que nos llamó y nos apremió a que comunicáramos al Consulado nuestra presencia mediante un correo electrónico, mientras no podíamos hacer llegar físicamente el formulario para la inscripción consular en su registro como residentes temporales. Y así lo hicimos.

Y cuando llegó el día tan temido en que Sara nos dejó, en medio del dolor indescriptible de aquellos momentos había que atender cuestiones prácticas para llevarla a casa. Y ahí fue cuando llamamos al Consulado.

Lo que voy a decir a continuación igual no es políticamente muy correcto, pero oír la voz que nos atendía en español de España hizo que nos sintiéramos inmediatamente en territorio amigo. Y cuando les explicamos de qué se trataba, la deferencia, colaboración y celeridad que mostraron ya por teléfono supuso que realmente nos sintiéramos auxiliados.

Al día siguiente fuimos al Consulado a primera hora a la dirección que ya teníamos: 朝阳区三里屯东四街九号, 邮编100600 北京[iii].

Bueno, que llegamos allí, y realmente sentimos que estábamos en España, en una oficina como las nuestras, con personas que hablaban nuestro idioma, con carteles claros y entendibles. Nos dieron preferencia en las gestiones y tenían preparada toda la documentación. Vino a darnos sus condolencias el Cónsul en persona, D. Carlos Sáenz de Tejada Gorman, todo muy protocolario pero muy de agradecer, y allí nos lo facilitaron todo con delicadeza y eficiencia, para que no tuviéramos que ocuparnos de nada que no requiriera indispensablemente nuestra atención.

El Consulado de España en Pekín fue el amparo en nuestra desolación, el apoyo necesario para volver a casa con Sara en el menor tiempo posible y sorteando todas las dificultades que teníamos de modo añadido al no comprender nada (ni las costumbres, ni los chantajes amparados por aquella dictadura, ni el qué hacíamos allí en China, ni por qué después de todo Sara nos había dejado…).

 

[i] https://febejorda.com/2019/05/08/estan-locos-estos-romanos/
[ii] https://febejorda.com/2019/05/04/aqui-tambien-hay-angeles/
[iii] 9 Sanlitun Dongsijie, 100600- Chaoyang, Pekín – Mucho más claro así, ¡pero quien tenía que entenderlo era el taxista!

 

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Dos minuts de reflexió no fan mal a ningú

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Gracias.

 

A los que desde el primer momento, por empatía o por cariño, os sumasteis a nuestro dolor y nos habéis acompañado hasta hoy.

Que enviabais discretamente a alguien a preguntar cuando sabíais que había visita médica, que os alegrabais con las buenas noticias y os entristecíais con las malas. Que procurabais tener palabras de aliento aun en los momentos más complicados.

 

Gracias.

 

A los que en cuanto supisteis de la enfermedad de Sara os pusisteis a orar, pidiendo consuelo, fuerzas y sanidad.

A los que sin conocer a Sara ni a la familia adoptasteis nuestra pena e intercedisteis personalmente o como grupos delante del Señor.

A los que, cuando lo que hizo falta fue dinero, ahí estuvisteis derrochando generosidad: a los que conocemos y a tantos anónimos que contribuyeron a acercar el milagro médico.

 

Gracias.

 

A los que, prudentemente, nos hacíais saber que estáis ahí… y que seguiréis estando ahí ahora también.

A los que nos habéis dicho que nos queréis y lo habéis demostrado hasta el último momento.

A los que habéis tenido sinceras palabras de acompañamiento por la partida de Sara, aun sabiendo que siempre quedan cortas, que no pueden expresar la tristeza ni abarcar el sufrimiento. Pero nos las habéis hecho llegar por cariño, para consolarnos, por el arropo que sabéis que suponen al corazón.

Gracias por cada abrazo regalado, que ha sido recibido como bálsamo y medicina tangible.

 

Gracias.

 

A los que sin medida ni momento nos habéis abrumado con todo lo que habéis sabido: wasaps, llamadas, correos, mensajes en facebook

Gracias por cada flor, por cada foto, por cada comentario que perfilaba a nuestra Sara, por tanto amor hacia ella.

Gracias a la iglesia del Señor Jesucristo, la de casa, la de tantos lugares, a nuestra preciosa familia en China.

 

Xièxiè.

 

Gracias porque a través de tantos de vosotros hemos recibido el consuelo de que la vida de Sara, tan breve a nuestros ojos, no ha sido en vano, pues deja huella en muchos corazones en todo el mundo por haber reflejado claramente el amor de su Señor y Salvador Jesús, y seguirá brillando.

Gracias a los amigos cercanos que regalaron todo por amor a Sara y David, para que la ceremonia de despedida fuera como a Sara le hubiera gustado.

Gracias a los que nos acompañasteis ese día por cariño a alguno de la familia, que os acercasteis o que vinisteis desde la otra punta del país o del planeta.

 

A todos y cada uno, mil millones de gracias. Siempre.

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