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Posts Tagged ‘Hospital’

¡Sí! Algunos son la versión en azul celeste de los de Madrid, que vestían de blanco. Llevan cofia, redecilla para recoger la cola y un lazo de color discreto como adorno. Nos sonríen y nos hablan a través del traductor del móvil, pendientes de cualquier detalle de la salud de Sara.

 

Y han llegado otros, cubriendo largas distancias (parece que aquí todo queda lejos), ¡sin hacer uso de las alas!, cargados de cariño y de fruta, de sopas y ternura, de leche, de carne de primera y amor, de pan, jamón, queso y fuet (¡buáaaaa!).

 

Son nuestra familia maravillosa en todo el mundo, caídos aquí desde Perú, desde Costa Rica, de Rusia, de Hong Kong, Cuba, Estados Unidos, Venezuela, Taiwan, que se acercan porque alguien desde España ha hecho correr la voz de que hay que orar y que hay que ayudar, y nuestra necesidad les ha llegado al corazón. Y son ángeles dispuestos a mostrar el amor de nuestro común Dios de manera entregada.

 

Ellos son el idioma conocido que hace hogar, el oído atento que es amigo, la oración intercesora que cubre con la protección del Padre.

 

Claro, sí, ya lo he dicho: es que son ángeles…

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Plora un nen

Plora un nen a l’habitació del costat. És un plor de malestar i indefensió, d’incomprensió i enuig. És el plor d’un nen petit. Se sent gairebé tot el dia, tots els dies.

Plora una mare a l’habitació del costat. És un plor de dolor i impotència. És un plor que no se sent, cada dia, tots els dies.

 

És gris el dia, sempre és gris. Ni que faci sol, no pot traspassar aquesta atmosfera espessa de verí en suspensió. S’han d’endevinar en mig de la broma fins i tot els edificis més propers, d’alçades i formes desconegudes.

 

Aquí també plora una dona jove, alguns cops se sent, la majoria no.

Plora un home jove que estima la dona malalta.

Plora el cor d’una mare pel dolor d’una filla i d’un fill.

 

Malgrat tot, hi ha consol i esperança. Consol per tots els qui ens fan costat en aquests dies grisos de fora i per dins. Esperança perquè el nostre Déu és l’Autor de la Vida.

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Sí los hay, a estas alturas del siglo XXI. Nunca los había visto antes, pero están entre nosotros.

El Madrid de otros tiempos era familia y risas de niños, edificios imponentes, vacaciones, luces, encuetros con amigos y actividades docentes, espacios amplios, la plaza Mayor, una cañita y bocadillos de calamares, historia familiar en el Hotel Palace, recuerdos en la iglesia de Chamberí…

El de ahora es otro Madrid. Es el Madrid del dolor, la incertidumbre, la espera de la sentencia, el pánico. Y es en este Madrid donde los ángeles se han mostrado de manera inesperada, porque se encuentran de incógnito repartidos por la ciudad. Pero los hemos identificado.

En esta época siguen vistiendo de blanco, aunque no con túnicas. Lucen uniforme de camisa y pantalón de algodón o batas hasta la rodilla por encima de la ropa, blanco todo, y sábanas y esponjas jabonosas en las manos, o termómetros en los bolsillos, o jeringas y sueros en carros ruidosos, o fonendos colgados del cuello.

Y sabes que son ellos por esa mirada de calor tierno cuando te saben vulnerable, o la palabra dulce que te regalan en el momento más terrible, o por el apretón en el brazo cuando ya no tienes fuerzas para contener las lágrimas.

Uno de los ángeles está en la planta quinta, se hace pasar por doctora, y deseaba de corazón que lo que le pasa a mi niña no fuera de su incumbencia, pareciendo incluso que luchaba por un diagnóstico más favorable de la especialidad de la segunda planta.

Otro de los que hemos identificado lucía una melena pelirroja, y apareció por la noche con la excusa de tomar la tensión a la chiquilla, y nos vio el susto incluso a oscuras, y se quedó hablando con nosotras y explicándonos lo que necesitábamos oir. Justo antes de retirarse, nos dijo con una sonrisa pícara: “Por cierto, me llamo Esperanza”.

Hemos conocido algunos más. Uno se hacía pasar por paciente y se interesaba genuinamente por la salud y los progresos del tratamiento de mi hija.

Y durante todo este tiempo difícil, uno que, desde la discreción, seguía todas las incidencias desde el principio, los resultados de las pruebas, subía a dar ánimos y explicaciones claras, y a hacernos reir si era necesario, y que se presentó sin más disimulo y de manera inmediata en el día más oscuro, cuando la soledad abrumaba ya tanto que sentías sobrepasadas tus fuerzas, tu ánimo y casi todas tus reservas frente a lo que estaba ocurriendo. Y vino con refuerzos, y nos regalaron el abrazo acogedor, los besos, las palabras de bálsamo para el espíritu.

He cogido tanta práctica en la identificación de estos seres maravillosos, ¡que soy capaz de detectar a los que ni siquiera visten de blanco! Algunos te preparan una tila doble en la madrugada o, con su apariencia de casi 70 años, son capaces de bajar volando dos pisos para preguntarte por la niña antes de que tomes el ascensor.

Ahora, sobre todo, necesito ver los ojos de ese otro ángel que duerme en algún lugar que deseo de todo corazón que sea plácido; necesito su dulzura y sus sonrisas, su ánimo sereno, y necesito, necesitamos, que sea pronto, cuanto antes muchísimo mejor.



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