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Creo que no hace falta ser especialmente observador para constatar que la transmisión de nuestro cristianismo a la siguiente generación hace aguas. No sé cuál es la experiencia de cada uno allá donde el Señor le ha puesto, y sé también que es cierto que no se puede generalizar. Aún y así, es evidente que tenemos un problema, si no muchos, y nuestros adolescentes y nuestros jóvenes en muchas ocasiones rechazan la iglesia, después se alejan y finalmente se pierden.

Parte del problema, en mi modesta opinión, es el estilo de comunicación del evangelio. Si cualquier comunicador (presentador de televisión, locutor de radio, escritor…) debe tener en cuenta a quién se dirige para valorar cuál es la mejor manera de hacer llegar el mensaje, de allanar el camino para construir el puente, de no constituirse él y su manera de hablar y actuar el obstáculo insalvable, ¿cómo es que nosotros no nos planteamos estas cuestiones y tiramos millas a la manera de siempre? Y siempre es  siempre , es decir, como si el tiempo no hubiera pasado y como si no se hubieran producido cambios a nuestro alrededor, en la sociedad en la que nos movemos.

Y se me ocurren varias razones.

La primera es que el evangelio no cambia, y eso es cierto. La segunda es que tenemos la verdad, la absoluta, en todo (esto último ya es mucho más cuestionable). También ocurreque somos conscientes de nuestra incapacidad para comprender lo que ha ocurrido en nuestro entorno, para sentir lo que siente el otro y para adaptarnos a los nuevos recursos.Otra razón puede ser el orgullo y el que “a mí un jovencito no me cuestiona, ni me vacila, ni me desafía”. Y la falta de amor, que nos hace perder la visión y la perspectiva.

¿Cómo, si no, se explica que sigamos empeñados erre que erre en un modelo academicista de iglesia, cuando en el mundo secular este estilo de enseñanza está obsoleto para la escuela y sólo es aconsejable como método en determinadas situaciones muy concretas?

Me pregunto a cuántos de nosotros nos gustaba la escuela de pequeños y vivíamos con pasión nuestro aprendizaje en aulas pequeñas, con profesores aburridos, encerrados todo el día mientras hacía buen tiempo fuera, y luego llegábamos a casa ansiosos por hacer los deberes.

Ya hace unos años, afortunadamente, se ha producido cierto cambio en algunas de las formas de nuestra liturgia, por lo menos en algunos lugares: más  vidilla  en la alabanza, más conciencia de hacer participar a las personas, pero el  culto principal  cuántas veces sigue siendo aburrido, con un predicador que habla declamando o regañando (en todo caso, no habla  normal ),en un lugar cerrado, muchas veces con el énfasis del juicio y no tanto el de la gracia de Dios…

Un panorama que choca frontal y brutalmente con lo que necesitan nuestros hijos de esta generación digital. Muchos se nos ahogan no por el evangelio en sí, que lo necesitan, sino por tener que asistir el domingo también a clases extra de  literatura antigua  (como define un buen amigo mío) en un ambiente claustrofóbico y opresivo. ¿O no? Porque muchos de los adultos sentimos lo mismo, que el culto es una obligación y no un privilegio…

Creo que entendéis por dónde voy al trazar estas pinceladas. Y, si somos sinceros, todos sabemos  que el evangelio no tiene que ser aburrido, ni proclamado en un sitio cerrado y de una sola manera, y que permitir  ¡y fomentar!  que se examine y se cuestione la fe es lo que nuestro Maestro espera de todo aquel que finalmente decida seguirle, porque quiere que sea por convicción, porque no haya podido hacer otra cosa que rendir su corazón al Salvador una vez el evangelio penetra en su mente y en su corazón.

Y fijaos cómo somos:   cuando alguna iniciativa tiene éxito, éxito en cubrir el objetivo de llegar a una generación que se nos resiste, nos permitimos críticas incluso feroces con estos hermanos nuestros que tienen otra visión, otra sensibilidad, trabajan de otra manera… ¡y alcanzan a los jóvenes!

El Maestro quería que hiciéramos discípulos: ésta fue su última voluntad expresada justo antes de dejarnos temporalmente: de todas las naciones, mujeres y hombres, de cualquier condición social, también de todas las edades, ¿no?

Es cierto que cada niño, cada joven, es libre de aceptar o rechazar al Señor, y que la comprensión del evangelio y la responsabilidad de responder al llamado de Jesús puede darse desde muy temprana edad. ¡Pero no les sirvamos en bandeja las excusas para resistirse al Salvador! ¡Y no nos apalanquemos negligentemente en la comodidad, el inmovilismo, nuestros viejos esquemas mentales o la excusa por nuestra parte que nos venga más a mano para no obedecer  la gran comisión !

Nuestros adolescentes muchas veces rechazan  nuestro  cristianismo, no a Cristo. En ocasiones se lo hemos ocultado detrás de maneras obsoletas y de normas farisaicas que ellos no quieren ni deben asumir, porque no son la palabra del Señor ni se derivan de ella. El Señor Jesús, sus palabras y sus obras, les siguen impactando, seduciendo y ganando.

¿Cómo ve Jesús a cada uno de esos chicos y chicas rebeldes, inadaptados, desorientados… y pecadores (también)? ¡Como ovejas perdidas! Que le necesitan, que tienen mucho potencial en sus manos, que pueden ser piedras vivas de esta iglesia que ahora cuestionan.

Debemos orar para que el Señor nos dé personas que entiendan y se entiendan con nuestros jóvenes, porque la necesidad es muy grande (¡que se lo pregunten a las madres cristianas, por ejemplo!). Y debemos dar muchas gracias y apoyar a aquellos que tienen una visión y un llamado especial de Dios para este campo, para que les sostenga, les conceda ideas y creatividad para traducir el evangelio a los lenguajes que ellos comprenden, y les dé fuerzas para llevar a cabo este arduo trabajo. Que amen a Jesús y les amen a ellos con el amor del Señor, y les transmitan la verdad en este amor entregado.

Una última idea: cuando un adolescente o joven de estos que no calzan bien en nuestras iglesias encuentra alguien o un lugar donde está a gusto, y allí se proclama en evangelio de una manera diferente a la que estamos acostumbrados, ¿cómo creéis que se siente si oye nuestras descalificaciones inmisericordes?¿Le acercamos a Jesús o le alejamos? ¿Qué idea del pueblo de Dios le estamos transmitiendo con la murmuración y la crítica de hermanos nuestros? No seamos tercos ni nos hagamos los inocentes, que luego vendrá el tiempo de llorarles…

Si tú tienes una visión distinta sobre las formas y procedimientos, no seas soberbio y no entorpezcas la obra del Señor. Tú a lo tuyo, a lo que Dios te muestra, y síguele sin importarte lo que hagan los demás  (“¿Qué a ti? Sígueme tú”, Juan 21:22) .

Cuando Pablo, en la primera carta a los Corintios dice:  “Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número (…) Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a alguno. Y esto hago por causa del evangelio…” (9:19,22,23) . ¿No nos da una pista de lo que hacer? ¡Y creo que nadie le cuestiona al apóstol su integridad y ortodoxia!

Si no acabamos de entender las iniciativas de los otros, podríamos también descansar en el Señor aplicando aquellas palabras que Él mismo dijo:  “No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es” , en Lucas 9:50 (cito en versión RV60, por si acaso no consideramos inspiradas las otras, que en ocasiones –y lo apunto también aquí- son mucho más entendibles por los adolescentes y jóvenes que nos ocupan). Y, como dijo Gamaliel:  “Si esta obra es de los hombres, se desvanecerá; mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios” (Hechos 5:38-39).

Que el Señor nos llene de su amor y su sabiduría para abordar todas las cuestiones y los retos que su iglesia tiene hoy por delante.

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Publicado en ©Protestante Digital 2013

 

Hace una semana fui partícipe de una experiencia única. Era una luminosa tarde de verano y muchos acudimos a un templo, a una iglesia evangélica para más señas. ¡Qué alegría poder estar con los amigos cercanos! ¡Qué gusto reencontrar viejos camaradas, aquellos que nos acompañaron durante un tiempo, quizá hace muchos años! Cuántas personas recogidas en aquel lugar amplio y fresco para darse apoyo, para acompañar en una despedida, para celebrar una vida y al Dios de la vida.

Estuvimos cantando la mayor parte del tiempo a pleno pulmón, con convicción, con las voces afinadas, aunque no niego que quizá se quebraron en algún momento. Cantamos a Jesús todo el rato, al Señor, a lo que dijo, a lo que hizo; recordamos sus hermosas promesas que tienen por garantía la propia resurrección del Salvador.

“Mi corazón entona esta canción: ¡cuán grande es Él!

Antes de encenderse las estrellas, antes de existir el hombre aquí, antes de arruinar las cosas bellas, Cristo, el Cordero, se entregó por ti. No hubo solución aparte de la cruz…

Ahora soy de Cristo, mío también es Él; puedo gozar de su amistad por la eternidad…

Cara a cara espero verle, más allá del cielo azul…

Más allá del sol yo tengo un hogar, bello hogar…

Suenan las notas de la grata victoria; voy, pues, con gozo a mi dulce hogar.

¡Grata certeza! ¡Soy de Jesús! Hecho heredero de eterna salud… Esta es mi historia y es mi canción…

Esperando, esperando otra vida sin dolor, do me dé la bienvenida mi Jesús, mi Salvador.

Cuando allá se pase lista cierto estoy que por su gracia yo estaré…”

Esto cantamos y mucho más en el culto de despedida de una muy querida hermana nuestra, que ya había marchado a la casa del Padre. Desde un vídeo conmovedor nos hablaba de la única esperanza posible, de la necesidad de buscar al Señor mientras hay tiempo, de que los palos de la vida no son excusa… Y tenía una palabra especial para cada uno de los suyos más cercanos: los hijos, los nietos, los hermanos, el marido, las hermanas y hermanos de la iglesia…

Ella sabía en quién había creído y estaba agradecida. Por eso al final de su camino quiso un culto de alabanza, gratitud y adoración a su Señor. La enfermedad que se la llevó fue especialmente terrible, pero ella supo ver más allá de las cosas terrenales durante toda su vida, y en los peores momentos se sostuvo viendo al Invisible.

Este día que os refiero salimos con el corazón triste por la separación de nuestra hermana, pero a la vez lleno de ese gozo posible incluso en circunstancias de muerte, por el conocimiento personal de Dios y su amor hacia cada uno de nosotros. Lo habíamos estado recordando juntos, en medio de una multitud.

En la puerta, al despedirme del marido, me decía con su pena insoslayable pero lleno de paz: “El Señor es bueno y es fiel”.

Sí, es evidente que están locos, estos cristianos –parafraseando a Astérix y Obélix. ¡Pero qué locura gloriosa, ya anunciada por escrito en el libro más asombroso que jamás pudiéramos haber imaginado!

Ese mismo día, el enemigo también estuvo trabajando, como siempre, intentando estorbar y destruir. Pero la batalla final está ganada por este mismo Jesús allá en la cruz, y sabemos que los de limpio corazón y los pacificadores son los bienaventurados.

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No dejan de sorprendernos, como madres, las capacidades de nuestros hijos, que son de la llamada generación de los nativos digitales y demuestran una destreza asombrosa para manejarse con mucho desparpajo y eficiencia en el mundo de las nuevas tecnologías.

Y añadiré que estas habilidades en concreto quizá nos sorprenden más, pues no se las hemos enseñado nosotras ni sabemos cómo o cuándo las han aprendido… y muchas veces a nosotras mismas nos suponen un ámbito no sólo desconocido sino que pone de manifiesto nuestra torpeza para la adaptación a los nuevos medios y recursos.

Los primeros niños digitales ya programaban nuestros relojes tipo Casio sin mirarse el manual de instrucciones, con sus pequeñas manitas y sus dedos ágiles. O los vídeos: ningún problema, y sin horas y horas de lectura de libritos –seamos sinceras- bastante mal explicados o en un castellano raro. Y luego -¿recordáis?- nos configuraron los móviles –que muchas ya considerábamos como conocimientos de nivel universitario- en no más de cinco minutos.

Nuestros hijos digitales se manejan por el mundo, por los mundos y por el infinito y más allá, con una soltura, un rumbo, un tino, que nos deja pasmadas.

Sin embargo, en algún punto de su cerebro algo falla. Quizá desde el momento mismo de su concepción ha sido formado de manera defectuosa, no sabría decir, pero hay hechos irrefutables que lo demuestran.

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¿Cómo es posible que ellos, nuestros hijos tan espabilados, que manejan Windows y Mac indistintamente, que no hay máquina de pantallita que se les resista, cómo es posible, me pregunto, que no sepan poner una lavadora? Porque no deja de ser extraño, ¿verdad? Clic en el botón de ON, clic en el de temperatura, y haber puesto algo de detergente en alguna parte (ya prescindimos del suavizante, venga). ¡Te dicen que no saben! Tampoco distinguen con claridad la ropa de color de la blanca… Que yo me digo: ¿en qué nos hemos equivocado?

Les he visto, a estos nativos digitales, no rendirse durante horas para conseguir en su ordenador lo que querían… pero pretenden que consideremos que su primer fracaso con la lavadora será suficiente para que les eximamos de la tarea para siempre. En fin…

Que yo, como madre, seguiré apostando por el desarrollo y la potenciación de sus capacidades, de todas, y conseguirán poner una lavadora, el lavaplatos, manejar la plancha sin desastres irreparables… ¡y llevaré a cabo con determinación y perseverancia lo que sea necesario para superar esta pequeña deficiencia cerebral que les viene de fábrica!

Primavera

Estos días, al levantarme y subir la persiana, puedo leer claramente entre las brumas matutinas que el día será claro y lleno de primavera. Y percibo, después de este primer vistazo, que mi espíritu se despierta con más ganas, con más fuerza, con ansias por salir toda yo a la calle.

Una ducha y un café, y estoy lista para lidiar con lo que me depare el nuevo día. Y ya justo al salir del portal, cuando el día ha levantado completamente, la explosión de aroma, calidez y luz penetra mis sentidos de tal modo que me obliga a detenerme un momento, cerrar los ojos, e inspirar, para disfrutar el momento un instante más.

Cuando se acercan las horas del mediodía, el modo en que el sol acaricia la ciudad nos anticipa el verano, la fiesta, la claridad que resiste el paso de las horas, y nos permite ver, al enfocar la mirada a lo lejos, toda la maravilla de la promesa de la vida flotando en el aire, buscando posarse en el lugar que la espera y la acogerá.

Sí, el polen. Sí, nuestros preciosos plátanos, que puntean y adornan cientos de calles y parques y plazas en nuestra localidad. ¡Qué buena idea haber fabricado este árbol! Porque no es autóctono y, para más inri, es un híbrido, y no se sabe si el mérito hay que atribuírselo a España o a Inglaterra.

Platanus Hispanica, sí, que no da plátanos sino castañas amargas, y que con sólo estos datos ya sería suficiente para sospechar que sus intenciones no pueden ser buenas. Y que en esta época maravillosa del año en que por fin nos desprendemos del frío y de la oscuridad, el amigo lanza por doquier sus semillas provistas de pelillos.

No sólo molestan y ensucian, estas armas peludas, sino que pretenden acabar con parte de la población, supongo que siguiendo un plan previamente establecido en connivencia con las autoridades sanitarias que tienen un evidente problema con las listas de espera.

Pero he de decir que, afortunadamente, dentro del propio sistema está la resistencia, los rebeldes, los que, cuando te sientes morir de asfixia, picor de ojos, tos recurrente, te recetan antihistamínicos, y espráis nasales y ventolín.

Se trata de resistir hasta finales de mayo. O quizá un poco más. Pues eso haremos.

¡Qué bonita es la primavera!

Platano de sombra Platanus hispanica Frutos semillas Fruits seeds

Torre Ametller – Cabrera de Mar

Us confesso que potser feia anys que no tenia tanta il·lusió per anar a un recés d’església. La trobada ja com a Església Unida de Barcelona marcava la diferència per moltes raons, especialment perquè, gràcies al Senyor, ja és una realitat el somni de caminar plegats sumant forces, dons i recursos.

Teníem tantes persones a les què acostar-nos per conèixer-les una mica més! El temps de jocs en equips, d’esport, les hores dels àpats, les estones lliures per passejar i parlar –sobretot parlar-, han propiciat un ambient clarament festiu. La vetllada de l’última nit ho ha brodat, amb tants riures i complicitat, aplaudiments i talents manifestos.

Hem constatat, per altra banda, que encara ens queden uns quants adolescents per redreçar, especialment pel que fa a les hores nocturnes, però com que és per ells gairebé per qui més preguem, perquè Déu ens els guardi i ens els encamini, ja anem en la direcció correcta per començar.

Hem viscut moments difícils, però, perquè el dolor dels nostres germans també és nostre, i vam poder compartir i acompanyar els estimats en diverses circumstàncies.

Si pregunteu com van anar les reunions, potser us confirmaran que vam estar a la presència del Senyor, tant a l’hora de la lloança com de la predicació de la Paraula. La primera, cantada de tot cor, amb l’esperit rendit i sensible. I la segona, rebuda amb expectació i reverència, la que produeix saber-nos envoltats d’un núvol tan gran d’herois de la fe que van prendre decisions ben arriscades en moltes ocasions, sense importar el preu. I vam ser encoratjats a seguir el seu exemple, i vam poder abundar en la meditació en els col·loquis.

Els nens van estar treballant i aprenent el Salm 23, i ens en van fer partícips de diverses maneres, tant a la vetllada com a la reunió de diumenge.

Tot plegat, el campament de setmana santa, que ara ja és un record, és ple d’alegria, de germanor, de somriures, de gestos; de benedicció, en definitiva.

I el que ens resta encara!

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Sr. President,

Del carrer estant, el poble observa. I pensa, malgrat que molts cops se’ns suposa passerells, i com a tals se’ns tracta.

Però no us vull entretenir, que sé que teniu molta feina, i prou dura i complicada en aquesta conjuntura extraordinària del nostre país, per tal de bandejar una crisi econòmica de grans proporcions i, a l’hora, engegar un nou estat d’Europa.

Si us plau –i voldria que aquest prec fos prou emfàtic com per què, si més no, vos us el prenguéssiu seriosament-, si us plau, reitero, crec que és del tot necessari que la nova Catalunya sigui de bo de bo un país pensat per a caminar d’una manera nova, és a dir, amb justícia, netedat, participació real i transparència.

Encara que seria molt desitjable viure en un lloc on ja no haguéssim d’excusar-nos mai més per parlar també en català, per exemple, i que els nostres interessos com a poble per a la nostra prosperitat i progrés no haguessin de ser regatejats dia sí i dia també, si la Catalunya sobirana no ha de ser diferent quant a sobresous, corrupció i escàndols majúsculs o minúsculs de tota índole, no sé si paga la pena posar-nos en un projecte de tanta envergadura.

Netegeu casa vostra, per començar: el que teniu a dins esgarrifa; que es restitueixi el robat, que es rescabalin els afectats de les innumerables injustícies en la mesura del possible, que es legisli perquè ningú tingui ganes d’embarcar-se en aquest tipus de delictes (ni en cap altre!); trieu persones honestes i íntegres que us acompanyin en la tasca de dirigir, que es posarà a prova la seva honradesa a cada pas i, a més, que tinguin vergonya i sentit de la decència, per cessar quan toca, encara que sigui pels errors dels subordinats dels quals són responsables; i no us deixeu temptar, que no treballeu per a vosaltres, sinó per a un poble sencer.

Dels que us acompanyen circumstancialment en aquesta singladura sembla que, malgrat tots els entrebancs polítics que us suposarà la seva línia política (que a molts de nosaltres ens sembla més humana), n’hi ha algun que fins avui es mostra com a persona cabal i de fiar, afortunadament.

Sr. Mas, vos ja passeu a la Història. La vostra boca ha expressat en veu alta els sentiments i somnis de generacions de catalans, i heu argumentat per què segurament només resta la via sobiranista. I ho heu fet amb solidesa. Us hem sentit adreçar-vos a nosaltres amb la sinceritat que el càrrec us permet, i no ens heu promès sopars de duro. I aquestes darreres setmanes us veiem treballar àrduament per anar endavant en tots els fronts oberts, i desitgem que no defalliu, per al bé d’aquesta terra.

Però insisteixo, Sr. President: per tots nosaltres, perquè tenim fills i els volem deixar un futur d’esperança, perquè sabem que hi ha maneres nobles d’encarar les situacions, siguin quines siguin, i de resoldre-les, i no aquestes que ens envolten, que ens indignen i desanimen fins un punt difícilment descriptible, us prego que piloteu aquest projecte i tot el vostre mandat amb l’honorabilitat i el valor que aquests moments extremadament delicats i difícils requereixen. Nosaltres serem aquí, patint amb serenor les mesures que ens continuïn caient al damunt (però penseu que molts ja som gairebé al límit o l’hem traspassat fa temps), i també de manera activa procurarem desterrar la indignitat de tots els àmbits a que tinguem accés.

Vos dueu-nos a una Catalunya realment nova, on tots estiguem contents i orgullosos de viure-hi i de formar-ne part, que es converteixi en l’enveja dels ciutadans i governants del món, per la manera ferma i honrosa d’anar cap endavant. Si no ha de ser així, deixeu-ho córrer .

Febe Jordà

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Concluye un año ciertamente duro y complicado. Este 2012 ha sido, sin lugar para demasiadas dudas, bastante peor de lo que imaginábamos o ni tan siquiera temíamos, y nos despedimos de él con la convicción de que, en muchos aspectos, lo peor aún está por venir.

En medio de estas fiestas miro hacia atrás y,  sin embargo, constato que he llenado mi mochila de cosas positivas también .

Al lado de los sinsabores y las pérdidas, algunas casi insoportables por dolorosas, brillan con luz propia las ganancias: todo lo aprendido, la experiencia vivida, el amigo reencontrado, el calor percibido, las complicidades del equipo, los sueños cada vez más cercanos…

¡La lista sería tan larga!

Sé, y no es un conocimiento nuevo, que mi mochila está llena de las bendiciones de mi Dios. Y mi casa también.

Por su misericordia, que hace que se compadezca de mí y no me pague conforme a lo que merezco; y por su gracia, pues encima me hace regalos asombrosos.

 Toda esta acción deliberadamente a mi favor se puso de manifiesto con claridad meridiana aquella primera Navidad . Ya mucho antes el Señor había declarado sus intenciones para los seres humanos, buscando bendecir y bendecir, y a través de la Historia y por boca de sus enviados expresó su buena voluntad para con los hombres. Pero allá en Belén…

Allá en Belén el mismo Dios tomó forma humana, y habitó entre nosotros y sufrió nuestras miserias. Pero vimos su gloria, pues no la podía esconder, y esto escandalizó a unos y soliviantó a otros. Porque Él era el Rey, el que los magos de oriente buscaban, el que estaba anunciado desde antiguo, el que hizo los cielos y la tierra y los sustenta.

 Y cuando este gran Rey irrumpió en nuestra Historia comenzamos a darnos cuenta de que la  Carta Magna  de su Reino es radicalmente distinta de las usuales, porque va en serio . En ese reino, el  mayor  es el  menor , los  últimos  serán los  primeros , hay que  servir  incluso haciendo trabajo de esclavos (¡lavar los pies a los otros!); tienen lugar preferente los pobres de espíritu, los que lloran, los humildes, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los de limpio corazón, los que se esfuerzan por la paz, los perseguidos…  ¿Pero esto qué es?  ¡Así no se va a ninguna parte! (Nos sonreímos, ¿verdad?)

Y es que no acaba ahí: figura que los súbditos de ese reino deben mostrar amor, gozo, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, sencillez y autodominio; deben seguir la justicia y la verdad, siendo sal y luz; han de disponer de la libertad ganada por su Rey para el bien de los que les rodean; les es necesario trabajar para tener qué compartir; tienen el derecho y el deber de tratar personal e íntimamente con su Rey cada día…

Parece ser que un gobierno así se define, despectivamente, como un  reino de gominola . Y que las palabras  amor, libertad , incluso  Dios , están bien para andar por casa, pero nada más. Y lo más grave de todo, según he sabido, no es soñar con castillos en el aire, sino querer vivir en ellos. Pues bien: ésta es la propuesta del Cristo, locura para unos, poder del mismo Dios para otros.

La Navidad es, y si no, debería ser, el recuerdo del comienzo de un  reino de gominola . Porque el seguimiento a Jesús implica todo lo que acabamos de mencionar, y Él no lo presenta como opcional sino como rasgo distintivo de los suyos para aplicar en todos y cada uno de los ámbitos de nuestra vida: en todos; al proteger nuestro corazón y crecer en todo aquello que va en esta línea; en nuestras relaciones personales, laborales, en cada medio en que nos movamos; es exigible también de ser puesto en práctica en lo social y político, en nuestro tiempo de ocio; al pensar, al decidir, al hablar, al actuar.

 El cristianismo es  esto  y nosotros, como embajadores de Cristo, somos llamados a ser como Él era y, por si no nos quedaba claro, nos dejó especificaciones y detalles concretos en su Palabra.

Es bien sabido también (parece ser) que estas ideas ilusas son propias de la juventud entusiasta. ¡Pues gloria a Dios! ¡Debo tener por lo menos el corazón mucho más joven de lo que creía! Y me temo que muchos de los que me acompañan en esta reflexión también.

Ahí debe estar la explicación última de por qué todavía nos gusta celebrar la Navidad en la fecha que nos proponen, porque el hecho es que el Rey vino a esta tierra, hizo una propuesta de vida maravillosa, arregló en la cruz las condiciones para que pudiéramos seguirla, y nos hizo princesas y príncipes de su reino.

 Como  embajadora  del  Reino de Gominola,  este 2013 seguiré insistiendo en que el amor, la libertad, la justicia y la paz son objetivos  realmente  perseguibles y alcanzables. Y soñaré este mundo más  dulce , porque antes lo soñó mi Rey.

Hoy miro hacia atrás, a aquel prosaico comienzo de este Reino que me he permitido llamar  de gominola . Es un reino vivo que se expande porque las noticias que trae son tan buenas, son un evangelio tan glorioso, que prende en los corazones sinceros que saben que lo que están buscando es el rostro del Dios eterno. Porque el mensaje no puede ser de otra manera: es un mensaje que incluso los niños pueden entender, y de esas jóvenes bocas surgen desde siempre las mejores alabanzas al Rey. Es un mensaje de vida eterna, que regala una paz que el mundo no puede dar, que sacia la sed del alma.

 Por eso celebro. Por eso tengo tanta alegría a pesar de todas las circunstancias. Por eso, con la ayuda de Dios, no me rindo.

 

Catalunya: ¿de qué estábamos hablando?

Os cuento una pequeña anécdota de esta semana. Cierto hermano en la fe, que me garantizó por escrito su aprecio, se pregunta por qué, en un texto escrito en castellano, se introduce la palabra  Catalunya , así, en catalán. Puedo apuntar varias razones: argumentativas, de énfasis, incluso literarias… Los evangelistas, que escribieron su texto en griego, intercalaron también el  ‘Talita cumi’  o el  ‘Elí, Elí, ¿lama sabactani?’ , en arameo. Si aplico el mismo adjetivo que el tal hermano aplica a quienes emplean este recurso, los evangelistas son ‘burros’ … (lo colgó en su  tuiter ).

En mi reflexión de la semana pasada, amigos, yo hablaba de  libertad . De poder tener distintos pareceres y de ver la vida de diferentes maneras,  ¡incluso en temas relacionados con la política! Todos somos dados a juzgar, y a etiquetar como equivocados  a los demás. Quizá los evangélicos, los  conocedores de la verdad del Señor , más que el resto de los mortales.

 La libertad de pensar, de decidir y de actuar es un don que Dios otorgó a los humanos como uno de sus más maravillosos regalos ya allá en el Edén, como parte esencial y definitoria de su naturaleza . Lo vemos en las primeras páginas de la Biblia.

 Al dar vueltas a estos temas, al de la libertad y a éste que parece tabú -pero tan tabú-, el de la política, he llegado a la conclusión de que es probable que no se pueda comprender del todo la realidad del otro, por más que a uno le sea explicada . Vendría a ser como, por ejemplo, que una persona no puede ponerse verdaderamente  en la piel del que ha recibido el diagnóstico de una enfermedad terrible y mortal, o no puede sentir  cabalmente  el dolor del que ha perdido al cónyuge: si no se ha vivido, se puede acompañar, pero no  saber .

Quizá con las cuestiones culturales, territoriales, políticas -me digo-, ocurre algo parecido. Entonces, sigo diciéndome, habría que aplicar, entre hermanos, no la tolerancia, que a mi modo de ver implica condescendencia, sino el  respeto . Y el  amor . No se trata tanto de generosidad, como de ver que, si ni siquiera Dios nos impone su voluntad a la hora de decidir, ¿cómo puede nadie pensar en decidir en lugar del otro, del directamente interesado?

 Se trata, insisto, de libertad. Por eso, es de una importancia relativa la Historia, en este caso que nos ocupa, si nos encontramos frente a un cambio de voluntades . También porque se trata de personas adultas que  deciden , y no necesitan la  tutela paternalista  de nadie. Y no es de recibo que a uno le indiquen lo que debe  sentir  respecto a su comarca, a su hogar.

Se trata de democracia, de consultar y de ver qué quieren las personas directamente afectadas, y de actuar según lo que manifiesten.

Por definición, siempre es mejor sumar que dividir, aunar fuerzas y recursos antes que restar; y ése es también mi modo personal de ver las cosas. Ahora bien, es verdad que en ocasiones, cuando no se vislumbra la posibilidad de acuerdo, no hay que rasgarse las vestiduras si una parte tira por un camino y otra por otro: Pablo y Bernabé se encontraron en esa misma tesitura, y ni se acabó la proclamación del evangelio ni se extinguió la Iglesia.

 Cuando los argumentos esgrimidos son la burla, la etiqueta despectiva, el desprecio o los posibles tanques, es que su solidez no es, como apuntábamos la semana pasada,  incuestionable , y en todo caso, su virtud sí es reprobable.

Lo más preocupante es que este tipo de argumentos  tan fundamentados  somos dados a utilizarlos en más de un ámbito. Recuerdo que cuando yo era pequeña se me enseñaba casi como Palabra de Dios que los varones no debían llevar melenas ni barba, ni las mujeres pantalones; que no se debía ir al cine…

 Nosotros, no; no deberíamos ni intentar estos fraudes. Si no son  mandamientos divinos , si no estamos ante doctrinas fundamentales, si no se comprometen dogmas sagrados, no hagamos trampa: la Constitución Española no es la Biblia, decíamos; se puede ser nacionalista de cualquier color y cristiano a la vez; se puede sentir diferente, se puede pensar distinto, se puede discrepar de manera irreconciliable en muchísimas cuestiones… y aún así ser un fiel hijo de Dios; porque las cuentas son con Él, no con el parecer personal de ningún otro .

Cuando se pretende lo contrario, se atenta a la inteligencia de los creyentes, y se es tropiezo y escándalo para los que se acercan al pueblo de Dios.

Los protestantes en España, que hemos suspirado durante siglos por libertad, deberíamos ser los primeros que, teniendo el conocimiento del evangelio liberador, aplicáramos a nuestro alrededor una actitud y un hacer en esta línea y no en la opuesta. Y ser ejemplo gestionando nuestras diferencias, amándonos entrañablemente con el amor del Señor por encima de todo.

Escribo estas líneas finales en viernes, contemplando una semana sorprendente. A parte de los ciudadanos que se han quedado en casa, otros han expresado libremente su parecer respecto a la crisis y su gestión de manera pacífica cerca del Congreso de los Diputados, en Madrid.

 Y en Cataluña se han convocado elecciones. Personalmente creo que son las más interesantes que he vivido hasta hoy (yo era pequeña cuando las primeras de la democracia ) . Tengo sensación de vértigo, es verdad. Y de vivir un momento histórico. También estoy convencida de que todas las cuestiones se pueden llevar a cabo de una manera correcta e inteligente, o necia y dañina, considerando con sabiduría al interlocutor que se tiene delante. Pero creo que cabe la posibilidad de la racionalidad, ¿no?

Escucharemos a los políticos de aquí y de todas partes, y sus argumentos; echaremos cuentas, haremos números. Valoraremos que siempre nos han engañado, todos; que han incumplido sus promesas tantas veces; que en sus filas tienen a imputados por gravísimos casos de corrupción, casi todos, y otros delitos varios; que la política, en general, es para ganancia propia y por poder, no para servir y ministrar al ciudadano; seremos conscientes de que es maldito el hombre que confía en el hombre …

Aún y así, si mis conciudadanos deciden en su mayoría que se empieza un proyecto nuevo, ahí estaremos. Siempre he procurado ser cumplidora y dar la talla, y me gustan los nuevos proyectos, lo confieso, en el sentido de la esperanza que ofrece un recomenzar en lo que se pueda.

 Creo que debemos arrodillarnos e interceder, y amarnos, sobre todo amarnos, de hecho y en verdad .

Por cierto, en mi iglesia local estamos también con un nuevo proyecto, y quiero creer que la mayoría de los hermanos en la fe están haciendo esto, orar por nosotros. Sin embargo, me consta que no es del todo así…

 
©Protestante Digital 2012

Publicado en Protestante Digital el 30 de septiembre de 2012

 

 

 

Catalunya y ciertas verdades <em> incuestionables</em>

Les habla una catalana, seguramente pardilla y desinformada, como cierto amigo muy prestigioso en este periódico no cesa de hacerme notar, pero lo hace con honestidad.

Los creyentes evangélicos, no sólo en nuestro país, sino que me atrevería a afirmar que en todas partes, somos personas de fe, sí, pero por convicción, no crédulas o fanáticas, y tenemos la sana costumbre de analizar las cuestiones que se nos presentan, sopesar los argumentos, y sacar las conclusiones desde las premisas planteadas.

 España se halla en un momento difícil por una crisis negada en un principio y, según mi opinión no cualificada, mal gestionada todo el tiempo, priorizando equivocadamente los énfasis. La situación, a mi parecer, es tan grave, que cuando pienso en mi futuro personal, siento que me cubre una nube de seria preocupación , y trato de imaginar alternativas viables que me permitan sobrevivir a mí, a los míos, a mis mayores. Pero cuando pienso en nuestros hijos, el corazón se me encoge, y le pido a Dios que les ayude mucho a tomar decisiones sabias y acertadas en su caminar.

 Otra cuestión es la de una posible variación de la relación entre Cataluña y España. No hay que  melodramatizar  (sé que la palabra no existe en castellano).

Y aquí es donde yo planteo las cuestiones de fe que he insinuado al principio: yo tengo como  credo , quizá como muchos de los que me leen en este momento, el que recoge la Alianza Evangélica, como resumen clarificador de lo que enseña la Biblia. Porque mi base de fe y conducta es la Palabra de Dios, y de ahí derivamos, los cristianos, los principios y los valores que nos mueven en nuestro vivir diario, o que sabemos que deberían hacerlo.

 La Constitución Española no es la Biblia: es un consenso, es la legalidad vigente, pero no tiene ni puede tener vocación de  infalibilidad  ni de  permanencia eterna . Lo digo por lo de los argumentos que se presentan como  incontestables , cuando todos sabemos qué papel tienen estas  cartas magnas  para los estados: son revisables, releíbles, enmendables, incluso abolibles para ser sustituidas por nuevas constituciones.

Una de las cuestiones que siempre me llama la atención es también la carga que se le da al vocabulario. Muchas veces lo hacemos para ser más expresivos, pero su uso en política nunca, nunca, es inocente.

Yo me pregunto, por ejemplo, por qué ser  nacionalista  casi equivale a ser hijo de Satanás. El nacionalista español, el vasco, el catalán, mal que bien, incluso está cumpliendo mandamientos bíblicos, pues ama y respeta la herencia recibida de sus padres, y quiere conservarla y que perdure. Este sentimiento es el que en nuestro Estado tienen más acentuado los que, por un motivo u otro, han vivido con algún rasgo diferencial de suficiente peso, como un idioma, una historia común, una identidad reconocida, y que hace que, incluso entre los creyentes, encienda en sus corazones un calor especial por su patria terrenal, aun sabiendo que peregrinamos hacia la celestial.

Pero  no es  pecado , a la luz de las Escrituras, ser nacionalista, por más que algunos se empeñen: sólo es otra forma de entender el mundo, otra forma de ver esta pequeña parte del planeta Tierra. No son radicalismos o maximalismos; es diversidad, es diferencia de opinión: y eso también es bíblico , primero porque Dios nos hizo a todos distintos, y segundo porque no atenta contra la divinidad de Cristo, la naturaleza del Espíritu Santo, la doctrina de la Segunda Venida…

Y también es cristiano procurar entendernos, dialogar, escuchar, proponer soluciones. No estoy hablando de política. Fijaos, si esto se entiende que debe ser así, ¿por qué no debería aplicarse también a la política? ¿Quizá porque aplicamos criterios de visceralidad ancestral, que no tienen nada que ver con el amor, la libertad o la racionalidad?

Sigo hablando desde el corazón (y la ingenuidad, pensará alguno). Es una reflexión en voz alta, pero me tomo la molestia de escribirla, sabiendo que desde otras sensibilidades la cosmovisión es distinta, porque la información también es sesgada.

 Tengo la suerte de tener en mis venas sangre castellana y catalana… y de mil procedencias más, me imagino, hallándose esta Península Ibérica nuestra en medio de todas las rutas en todos los tiempos. Y viajo, y visito a mi familia y a otros hermanos y hermanas en la fe. Y me encuentro en ocasiones, en más de una y de dos oportunidades, que cuando me reciben como huésped y me ofrecen hospitalidad, de forma más o menos explícita o velada  me exigen que en mi casa dejemos de hablar catalán ; que sólo es por fastidiar que lo hacemos; que Dios no recibe el culto en esa lengua, me gritan; y me llaman mentirosa cuando les explico cómo es la vida en el lugar donde yo vivo, que creo que hablan de otro lugar y no de donde yo provengo … No es el famoso  victimismo catalán , es la realidad. Y cuando les tengo invitados en mi propio hogar, algunos de éstos que se supone que me quieren, los que son mi familia, mis amigos, mis hermanos, también  me insultan .

Esto, evidentemente, es una generalización, pero no tanto. Y entonces yo me pregunto, frente a esta animadversión tan manifiesta, ¿por qué tanto interés en que Cataluña y España sigan un camino común? Si no caemos bien e incluso se nos lanzan amenazas -sí amenazas horribles y en mayúscula- de todos los colores si se plantea un alto en el camino para repensar la cuestión, ¿qué es lo que se debe querer de los catalanes? A mí, sencillamente, me parece sospechoso. Y luego usar el tema de los miedos: frente a lo nuevo y frente a lo conocido y atroz…

 Sigo pensando y me cuestiono si quizá éste era el mejor momento para hablar así de claramente de la  independencia  de Cataluña, y veo que son mis conciudadanos, mis vecinos, quienes así lo han querido, pacíficamente y en un ambiente festivo. Y me digo:  ‘Se han expresado libremente. Espero que se escuche y se actúe por ambas partes con sabiduría e inteligencia, para el bien de todas las personas’ . También pienso que algunos nunca hubieran encontrado el momento para hablar de este tema ni que pasaran mil años más y cambiara toda la faz de la tierra alrededor.

Ruego por la misericordia de Dios para España, para  Catalunya , para Europa y para este mundo entero que gime. Pero no entiendo por qué el Señor tendría que estar enojado por pensar en gestionar un pequeño país de otra manera…

©Protestante Digital 2012
Publicado en Protestante Digital el 23 de septiembre de 2012

De mi último viaje a Francia me reservé una etapa. Fue la visita a Normandía, a las playas donde se produjo el famoso desembarco el 6 de junio de 1944, y al cementerio estadounidense.

No hace falta tener una sensibilidad especialmente desarrollada ni que la infame guerra afectara directamente a nuestro país, a nuestras familias: el lugar sobrecoge. Y lo que más me impresionó a mí son los nombres, las listas de nombres, los sepulcros con nombres, todas aquellas paredes llenas con los nombres de los muertos durante aquellos tres o cuatro días. Jóvenes en su mayoría, entre los 18 y los 22 años, 9387 muertos recogidos bella y ordenadamente en un jardín gigantesco, con las tumbas orientadas al oeste, donde estaba su patria terrenal. Cada hora suena el himno, y todo el mundo se detiene unos instantes.

En otro lugar no muy lejano, el cementerio alemán: 21222 muertos, muchachos jóvenes también, enterrados de dos en dos por la falta de espacio. Cerca, el cementerio judío, y el británico, y el canadiense… Y luego, en Jerusalén, Yad Vashem, el memorial con el nombre de los 6 millones de judíos asesinados en el Holocausto, a manos de los nazis, en esa siniestra 2ª Guerra Mundial.

¡Cuántos muertos innecesarios! Cuántas vidas rotas: las de los soldados, las de sus familias, las de los daños colaterales de toda contienda.

Paseé por ese macabro jardín de Normandía en silencio, leyendo los nombres de las cruces blancas y las estrellas de David. Observaba los lugares de nacimiento, las fechas, los apellidos…

Silencio y respeto. Allí en Normandía el cielo se nubla en un momento y todo se oscurece, y eso ocurrió, a la par que nuestro corazón se encogía frente a la soledad incuestionable de una tumba, de decenas de tumbas, de miles de tumbas.

Había familias que buscaban a los suyos, gente muy mayor. Había rosas en algunas cruces; piñas (no había piedras en el lugar) a los pies de las estrellas de David. Había flores recientes, naranjas y grandes, en tres tumbas contiguas de apellido italiano, dos de ellos hermanos.

Pensé, en aquellos momentos, y lo he meditado después, sobre la importancia de no caer en el olvido: la relación de nombres de los caídos produce un efecto consolador, sanador. Porque se les recuerda, porque hay una pequeña huella de una vida que pasó por este mundo, porque parece que alguien les echa de menos.

Y pensé en los muertos de nuestra guerra civil, no pude evitarlo, y en cómo, tantos años después, no hay mensaje de reconciliación, si no que todavía se quiere castigar con esta pena atroz: la del olvido.

No se permite abrir las fosas comunes, aun cuando están localizadas, para identificar los cuerpos, para poder asignar un nombre y llevar los restos al jardín que se desee o que se pueda. Es un acto de maldad que continúa, porque todo esto se conoce -el efecto curativo, la puerta abierta a una pacificación verdadera- y se insiste en la ignominia de unos. Y no nos pasa inadvertido. Porque éstos sí que son los nuestros, los de nuestra casa, los que echamos de menos: nuestros mayores los han llorado tanto…

En el cementerio estadounidense de Normandía había algunas tumbas sin nombre, que indicaban que ese camarada en concreto no fue identificado, pero que Dios sí le conoce. Y me quedé conforme, porque eso es cierto.

Vinieron a mi cabeza los muertos de Hiroshima y Nagasaki, los que se perdieron en el mar, los que fallecieron en circunstancias oscuras y desaparecieron, los muertos de la antigüedad de quienes no tenemos constancia alguna, todos los ignorados, los insignificantes, los utilizados por otros como carne de cañón, y pensé: mi Dios se acuerda de ellos, porque así lo ha dicho, y los vindicará; a todos, uno por uno.

Este Dios ya dijo, por medio de su profeta Isaías: “Yo les daré lugar en Mi casa y dentro de Mis muros (…), y les daré un nombre permanente (un ‘yad vashem’), que nunca será olvidado”.[i]

Allí en la playa de Omaha en Normandía me acordé de dónde quiero, sobre todo, que esté escrito mi nombre: en el Libro de la Vida. Y gracias a Jesús, mi amado Salvador, está; al precio de su vida, pero está.[ii]


[i] Isaías 56:5