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Aquest passat dilluns 20 de juliol es va produir majoritàriament el relleu dels equips dels programes que ens acompanyen tot el curs pels que venen a cobrir aquestes setmanes d’estiu.

Les propostes substitutòries són prou atractives, algunes d’elles més festives i lleugeres, que també s’agraeix. Però a mi sempre em queda una difusa sensació d’orfandat.

Si jo desconnectés de la meva vida quotidiana tot el temps que els sons que ens resulten familiars ens deixen, potser no estaria parlant ara, però mai no és així: ens abandonen molt més temps del que jo em puc permetre!

Les veus, l’entonació característica de cadascuna, la manera de fer i de relacionar-se, la personalitat que intuïm al darrere, l’estat d’ànim que alguns cops es deixa entreveure… Les reaccions davant els temes o les notícies, la línia editorial, les seccions, la traça i professionalitat en conduir el programa, les bromes i els riures còmplices a la taula… La impertorbabilitat amb la que em deixen intervenir de viva veu, anticipant-me alguns cops, o contradient algunes de les afirmacions, escridassant fins i tot el que s’està plantejant en un moment determinat…

No sóc molt d’emissores de música sinó més aviat d’equips de persones que entre totes presenten amb cordialitat el que es proposen. I si ho fan prou bé i amablement, em poden tenir fins i tot els programes d’esports, encara que confesso que no m’interessen gens ni mica.

Quan arriba l’estiu i em deixen, i no tinc la seva companyia a les hores i els llocs habituals, em sento una mica desubicada, els trobo a faltar i desitjo que no triguin a tornar.

Perquè tots aquests dies que no hi són, ja ho he dit abans, jo em sento una mica òrfena de ràdio.

5561ecbe270f5_aula-de-colegioPor estar vinculada al mundo educativo, seguí de cerca algunas de las discusiones en torno a la asignatura de religión en la escuela, y me sorprenden ciertos argumentos que se manejan.

A raíz de la nueva ley de educación, la LOMCE, más conocida como Ley Wert, esta cuestión de la enseñanza de la religión en los centros públicos de educación ha sido comentada y debatida ampliamente, tanto en los medios de comunicación como a nivel de calle.

En mi caso, por estar vinculada al mundo educativo, seguí de cerca algunas de las discusiones, y me sorprendían ciertos argumentos que se manejaban.

Creo que el tema empieza con la definición que demos de escuela y de cuáles deben ser sus funciones. Y ahí tenemos el primer punto, porque solemos decir que la escuela debe ocuparse de la educación integral de los niños y las niñas, es decir, debe formarles en todos los ámbitos del desarrollo de su persona, desde los más técnicos – como las matemáticas o la gramática-, pasando por los referidos a cómo desenvolverse en la vida social –resolución de conflictos y mediación, cómo solicitar un trabajo o un crédito a un banco, educación sexual…-, hasta llegar a las ciencias sociales y las de la naturaleza. En este caso, pues, la enseñanza de la religión tiene perfecta cabida porque abarca, entre otras, la parte espiritual del ser humano.

Hay quien esgrime en este punto que la escuela pública en España es laica. Y esto, según queda definido en el marco legislativo también, no es así: la escuela es aconfesional y plural, pues debe dar cabida a las demandas de los padres y tutores en este sentido de tener, o no, formación religiosa, y de qué tipo. Otra cuestión es la dificultad de organizar los horarios de un centro con diferentes líneas en más de un aspecto.

De todos modos, y en este punto de la neutralidad educativa, no podemos obviar lo que suele conocerse como el currículum oculto, que entre otras cosas significa que cada maestro, cada profesor, aparte de su asignatura, transmite sus propios valores, su cosmovisión: con su forma de hacer, de reaccionar frente a las situaciones que se producen en el aula, con su estilo de vida que en muchas ocasiones es conocido por los alumnos.

La experiencia de la religión, argumentan algunos, debe ser privada. ¿Por qué? Muchas de las religiones mayoritarias en nuestro país tienen como uno de sus ejes principales la expresión comunitaria y pública de la fe. Además, caeríamos en la paradoja de que todo es expresable pública y explícitamente, salvo la religión (la filiación política, la pasión deportiva por unos u otros colores, la preferencia sexual…).

Por cierto, me sorprendió muy desalentadoramente que la gran mayoría de tertulianos que escuché o de articulistas que publicaron sobre este tema -y también compañeros y conocidos- desconocen que desde hace más de 20 años se imparten clases de religiones que no son la católica romana en los centros de enseñanza públicos: la evangélica, la judía y la musulmana, por ser de notorio arraigo histórico en el territorio. Los que son los profesionales de la información, no es ya la falta de profesionalidad que demuestran lo que clama al cielo, sino el trabajo de desinformación y confusión que llevan a cabo sobre la opinión pública.

Otros comentadores inciden en el tema de los contenidos. ¿Cómo se puede afirmar que el ser humano alcanza su plenitud cuando restablece una relación con Dios? ¿Cómo se puede enseñar, en el siglo XXI, la creación como origen de nuestro universo? ¿Cómo se puede tomar un libro un tanto particular –de muchos autores, de muchas épocas y todas pretéritas- como norma de fe y conducta en esta vida? Pues como una opción más, por supuesto; considerando, además y por ejemplo, que el ser humano no encuentra respuesta a sus inquietudes más íntimas en el mundo que conocemos empíricamente, o que muchos aspectos de las teorías científicas que se aportan como explicación del origen de las cosas no están aún demostrados, o que no deja de ser sorprendente la innegable unidad de pensamiento de los 66 libros que conforman la Biblia…

Finalmente quiero mencionar uno de los puntos que ha creado más polémica, y es la cuestión de que la asignatura de religión sea evaluable con peso en la nota media del curso.

Los criterios de evaluación suelen considerar el cumplimiento de objetivos a nivel de conocimientos, de destrezas y de actitudes. ¿Hay algo medible en alguno de estos tres aspectos en una asignatura de religión? Sí, claro. Comenzando por el conocimiento de las historias bíblicas, continuando por el contexto histórico, geográfico y cultural de cada autor bíblico, siguiendo por los distintos estilos literarios utilizados, las propuestas éticas y morales, la arqueología que puede aportar luz sobre los contenidos relatados… y llegando hasta la tesis principal que sostiene la Biblia. ¿Esto es evaluable? Sin ninguna duda.

Respecto a si se ponen en práctica las propuestas éticas o se asumen ciertos valores bíblicos, entraríamos a considerar la diferencia entre formado y transformado. Si me permitís, la conversión -¡pongamos que se diera el caso!-no puntúa, pero sí todo lo demás, igual que en la asignatura de Filosofía Contemporánea, o Historia de las Civilizaciones Antiguas, o Literatura Medieval Europea, o Educación Cívica.

Yo lo dejo aquí, insistiendo en que la enseñanza de la religión, a mi modo de ver, sí tiene cabida en la escuela, como un aspecto más de la formación de una persona. Una cosa es no ser creyente, y otra muy distinta defender el analfabetismo sobre cualquier tema relacionado con las religiones, bien sean los mitos griegos, los maoríes… o los cristiano

Publicado en Protestante Digital el 24 mayo de 2015

55455edec0764_1205207_15686665De un tiempo a esta parte se habla mucho de esta cuestión, la de entretener: entretener en las iglesias a la congregación, entretener a los jóvenes. Entiendo que se refiere a estas situaciones en que lo único que se hace es más o menos pasar el tiempo de una forma agradable, sin dedicarse específicamente a la edificación de la asamblea.

Pero le he estado dando vueltas al tema, más que nada por el tono despectivo que he captado en ocasiones, que me llama la atención.

Voy a pensar en voz alta.

¿El entretenimiento es malo? Disfrutar y divertirse no es pecado. Es más: si los que conocemos al Señor y tenemos su salvación no somos personas gozosas que gustan de situaciones de alegría, igual apaga y vámonos. Creo que no hace falta decir, pero por si acaso lo menciono, que en ningún momento me estoy refiriendo a actividades que por su dudosa calaña puedan comprometer el nombre de nuestro Dios.

Quizá alguien pueda objetar, de todos modos, que cada cosa tiene su momento, como dice el Eclesiastés, y en la vida de iglesia hay que centrarse en el crecimiento de los creyentes. Suscribo de corazón que conocer a Dios a través del estudio de su Palabra es imprescindible para que cada persona vaya alcanzando la madurez espiritual, y así pueda cumplir el propósito de Dios en ella. Pero, ¿no estaremos incurriendo en una falsa dicotomía que presupone que la vida de iglesia es una cosa, y la vida otra?

Las personas que conocemos al Señor, ¿nos disfrazamos los domingos? ¿Cambiamos la expresión de nuestra cara, y la postura corporal? Quizá un poco sí, porque cuesta creer que seamos todos tan sosos durante la semana como lo somos en la capilla. Veis por dónde voy.

Y llego ya al tema: el de entretener a los jóvenes.

En alguna otra ocasión hemos estado reflexionando sobre la esencia del evangelio, que es una buena noticia para todos los seres humanos, que son pecadores y necesitan la salvación. Los jóvenes también. Y nos preguntábamos si cuando ellos dejan de venir a la iglesia están rechazando al Señor, o más bien nuestras formas y tradiciones, todo ese lastre que llevamos acumulado desde la posguerra.

Nuestros adolescentes y nuestros jóvenes, igual que nosotros, se aburren en según qué situaciones, sobre todo si no son especialmente participativas… tal como ocurre en la mayoría de nuestros cultos.

Hace unas semanas escuché a uno de los líderes de los adolescentes de una iglesia conocida decir: “Si no quieren estudiar la Palabra, que no vengan”.

Y unos días después me decía un pastor de jóvenes que él no iba a dedicar tiempo a entretener a los jóvenes de las iglesias, sino que iba a centrarse en alcanzar a jóvenes que no tuvieran contacto con los creyentes.

Y yo pensé: ¡que el Señor tenga misericordia de nuestros pobres hijos! Esos que se han criado en la iglesia y aún no son de Cristo, esos que saben hilar fino respecto a la bondad y la integridad y sin embargo nos conocen de cerca, esos que cuando todavía no se encuentran a sí mismos nosotros censuramos con dureza.

Os lo digo sinceramente: ¡prefiero un millón de veces, no, mil millones de veces, a mi hijo entretenido en la iglesia, que entretenido en cualquier otra parte, donde gobierna el príncipe de este mundo!

Uno de los significados de la palabra entretener es mantener o conservar a alguien o algo. Pues eso. Que la iglesia ayude a las familias en esta edad en que los más jóvenes no escuchan a los padres, y sea esa otra voz, esa referencia y modelo, esa propuesta de ocio sano, educativo ¡y divertido!, que provea el espacio social para establecer buenas relaciones, algunas con otros jóvenes creyentes y fieles que viven con pasión su fe… En definitiva, que la iglesia sea el lugar donde (también) se vive la fe cristiana de una manera natural y fluida.

Pienso en el Maestro, a quien acusaban de ir de fiesta en fiesta, invitado en ocasiones a celebraciones en casas de personas de muy dudosa reputación. No creo que se pasara toda la comida predicando, de verdad que no lo creo. Comería, bebería, no sería un aguafiestas.

Entiendo el entretener a los jóvenes como esa bendición regalada a algunos de nuestros hijos que supone un poco más de protección para ellos frente al que quiere destruir su alma. Como una cubierta que resguarda durante un poco más de tiempo y que evita, quizá, tropiezos y caídas que dejan una mala cicatriz. Y a la vez les va dando oportinidad de, entre risa y risa y entre juegos y bromas, ir oyendo la Palabra para que al final venga la fe.

La gran mayoría de los que entretienen a los jóvenes (y seguramente de los que entretienen a iglesias enteras) saben que no hay que provocar recelo o rechazo ya de entrada con cosas innecesarias y extrabíblicas, están convencidos de que su Señor es amor y no sólo justicia, y proclaman el Evangelio infatigablemente semana tras semana, día tras día.

Que nuestro Dios nos ayude a ser sabios, guíe a cada cual según su llamado, y nos libre de juzgar a nuestros consiervos.

*Publicado en Protestante Digital el 2/05/2015

Estimada,

Et confesso que em fa molta alegria poder celebrar el teu 50 aniversari, perquè significa que, malgrat totes les circumstàncies, has arribat fins aquí!

Voldria que, si mires enrere, veiessis moltes més coses boniques que tristes. Que puguis atresorar colors i música en forma de persones i moments viscuts. Que la teva motxilla s’hagi omplert de perfums i de llum, i de somnis acomplerts. Que en els teus records predominin els somriures, les cançons i la dansa.

Si alguna cosa et va fer mal, voldria que ja estigués curada; i si vas tenir fred, que hagis pogut trobar la calidesa en algun cor proper; i si vas patir set, que tinguis l’aigua fresca ja a l’abast.

Voldria que, si mires endavant, veiessis flors silvestres, rierols de pau, boscos i cabanes amigues. I que tinguis dies imprevistos i intensos, plens de la joia de gaudir de les coses que saps que no es poden pagar amb diners, i que són miracles per assaborir quan es produeixen.

Voldria que en mirar l’horitzó, més enllà d’aquella mar d’un blau tan fosc que impressiona en venir al pensament, voldria que veiessis que torna a sortir el sol, que la brisa és suau i et fa voleiar els cabells, i que els ulls se t’humitegin de felicitat.

Ha estat una benedicció compartir amb tu un tram de la vida, un dels bons, que tu has omplert en tot moment de dolçor, de somriures, de paraules intel·ligents, de companyia i d’enteniment, i d’abraçades i petons. Només puc dir-te gràcies!

Qui sap com anirà tot plegat d’ara endavant, ni si tornarem a coincidir tan estretament, però com que t’estimo torno a desitjar-te el millor del millor!

Teva sempre,

Febe

amsitas

En ocasiones, la educación de los hijos en las familias cristianas se convierte en una tarea especialmente ardua. Muchas veces se suman a la inseguridad o impericia paterna, el entorno de los hijos según el medio en que se mueven o desean hacerlo, y la terrible franja de edad que conocemos como adolescencia,  y que dura una infinidad de años.

En esos momentos, los padres sinceros y honestos se dan cuenta de que necesitan ayuda. Cuando los hijos se desvían por caminos que no auguran nada bueno, cuando se niegan a seguir asistiendo a la iglesia, cuando se resisten a las indicaciones sabias que aporta la familia y que demandan un cambio de actitud o comportamiento, los padres y las madres acuden a los pastores de la iglesia, para solicitar auxilio.

Si no fuera porque se ha repetido ya en demasiadas ocasiones lo que a continuación describiré, no me tomaría la molestia de abordar el tema. En todo caso, tomadme estas palabras como reflexión en voz alta, por si pueden ser de utilidad.

Vuelvo a la cuestión. Las familias, sabiendo que si sus hijos no se entregan al Señor están perdidos y condenados eternamente, viendo que se alejan de todo lo que huele a iglesia, observando las nuevas amistades y las dinámicas en las que entran, piensan en posibles soluciones.

Algunas ideas que se les ocurren van en la línea de que la iglesia podría jugar un papel mucho más importante en la vida cotidiana de los adolescentessi se acercara con sabiduría a ellos, si se les dedicaran más horas, si no hubiera dos o tres meses de vacaciones de las actividades en verano, si los horarios de estas actividades cubrieran los horarios clásicos de las tentaciones más frecuentes a su edad…

Al abrir el corazón desesperado a los pastores, la respuesta que muchas veces se ha obtenido es la siguiente:  “La iglesia no es una guardería” .

Perdón, ¿cómo dice?

En la adolescencia, la voz de los padres, incluso la de los padres cristianos, es la que menos escuchan los hijos. Buscan a sus iguales, y muchas veces se dejan influenciar y transitan caminos peligrosos, quizá precisamente por la educación que han recibido basada en principios y que les ha marcado límites. Que la voz externa a la familia que se necesita en esos momentos sea una voz cristiana, desde la iglesia, ¿no os parece una magnífica idea?

Es verdad que el esfuerzo que requiere la atención de esta edad tan difícil y complicada podría decirse que es casi sobrehumano. Pero yo añadiría: sin embargo es necesario, imprescindible.

Es más, si pensamos la iglesia con visión de continuidad del testimonio del pueblo de Dios y de futuro, cae por su propio peso que de quienes nos hemos de ocupar en primer lugar es de los niños y de los jóvenes.

Y aún hay otra razón que imprime urgencia: ellos no miden el tiempo igual que los adultos. Voy a poner un ejemplo: si en una iglesia los grupos o células de hogar tardan seis meses en ponerse en marcha, es posible que no ocurra nada irreparable. Seis meses para un joven, por el contrario, ¡es toda una vida! Lo mismo ocurre con tres meses o con uno solo… Y si las ovejas se nos han desperdigado, lo que hayan recibido en ese tiempo de alimento y cuidado, como son más tiernas y maleables, puede dejar en ellas una huella o una herida, incluso cicatrices, difíciles de obviar.

Soy consciente de que quizá estoy hablando de una manera un tanto radical, casi en blanco y negro, y según unos datos sesgados. Pero es que en mi Biblia no encuentro la cita que dice “la iglesia no es una guardería” , sino más bien encuentro citas que dicen todo lo contrario.

¿Recordáis la oración de Jesús en el evangelio de Juan capítulo 17? Dirigiéndose al Padre y refiriéndose a sus discípulos, dice: “Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste yo los guardé, y ninguno se perdió…”  (v.12). A nosotros se nos han perdido demasiados jóvenes, y aún siguen perdiéndose… y ninguno de ellos ostenta el título de ‘hijo de perdición’.

El mismo Señor se preocupaba activamente de  guardar  y de  cuidar  amorosamente a los suyos, a sus ovejas, porque Él era el buen pastor, el que da su vida por las ovejas. Los otros pastores, los que deben seguir su ejemplo como Príncipe de pastores que les es, jamás pueden decir que la iglesia no es una guardería. La iglesia está encargada, junto con la familia, de dar cobertura y protección espiritual, muy especialmente en los momentos en que el Enemigo zarandea a nuestros pequeños, les confunde y les tienta. Y toda esta tarea espiritual, aparte de oración intercesora, incluye la toma de conciencia, el clamar por sabiduría y ponerse manos a la obra sin dilación.

Aquellas otras palabras de Jesús referentes a piedras de molino atadas al cuello y arrojarse al mar son también pertinentes(Mc 9:42). Porque hay pequeños que han dado testimonio de creer en el Señor y se les hace tropezar, y esto es imperdonable, según esta advertencia.

Voy a añadir aquí una consideración más respecto a lo de devolver la pelota al campo de la familia cuando vemos que los chavales son más complicados de lo que nos gustaría: ¿qué pastor digno de llamarse así dejaría, impasible y sin pestañear, que se perdiera un adolescente sólo porque no tiene una familia creyente que le atienda?

¿Quiénes deben ocuparse, pues, de los más pequeños? Todos, con delicadeza y conocimiento de lo que se hace. Los pastores buscando quiénes, de los más apasionados por Jesús, de los más fieles, pueden encargarse de la parte importante de la tarea, e instándoles a que se preparen para hacerlo de la mejor manera posible.

Pongamos que en nuestra iglesia no encontramos los recursos para atender a los nuestros: ¡el pueblo del Señor es grande y rico, y bastará con buscar entre nuestros hermanos cercanos quién lleva a cabo ya este trabajo! Porque, recordemos: no podemos permitirnos perder tiempo con ellos.

Además de las familias, hay muchos que saben que la iglesia sí debe ser una guardería, para todos (además de muchas otras cosas). Y sin títulos ni cargos oficiales, o con ellos, se ocupan de nuestros pequeños, de nuestros hijos despistados, en la iglesia y fuera de la iglesia, en su casa y andando por el camino, y en ocasiones mucho más allá de sus fuerzas. ¡A todos ellos un millón de gracias, de todo corazón![i]

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   [i]  Párrafo dedicado con mucho cariño y gratitud a Karmele, de Durango, y a todos los que, como ella, nos echan una mano –o dos- de manera desinteresada y perseverante, en el País Vasco y aquí, más cerca, en Barcelona.


Publicado en ©Protestante Digital 2013

Creo que no hace falta ser especialmente observador para constatar que la transmisión de nuestro cristianismo a la siguiente generación hace aguas. No sé cuál es la experiencia de cada uno allá donde el Señor le ha puesto, y sé también que es cierto que no se puede generalizar. Aún y así, es evidente que tenemos un problema, si no muchos, y nuestros adolescentes y nuestros jóvenes en muchas ocasiones rechazan la iglesia, después se alejan y finalmente se pierden.

Parte del problema, en mi modesta opinión, es el estilo de comunicación del evangelio. Si cualquier comunicador (presentador de televisión, locutor de radio, escritor…) debe tener en cuenta a quién se dirige para valorar cuál es la mejor manera de hacer llegar el mensaje, de allanar el camino para construir el puente, de no constituirse él y su manera de hablar y actuar el obstáculo insalvable, ¿cómo es que nosotros no nos planteamos estas cuestiones y tiramos millas a la manera de siempre? Y siempre es  siempre , es decir, como si el tiempo no hubiera pasado y como si no se hubieran producido cambios a nuestro alrededor, en la sociedad en la que nos movemos.

Y se me ocurren varias razones.

La primera es que el evangelio no cambia, y eso es cierto. La segunda es que tenemos la verdad, la absoluta, en todo (esto último ya es mucho más cuestionable). También ocurreque somos conscientes de nuestra incapacidad para comprender lo que ha ocurrido en nuestro entorno, para sentir lo que siente el otro y para adaptarnos a los nuevos recursos.Otra razón puede ser el orgullo y el que “a mí un jovencito no me cuestiona, ni me vacila, ni me desafía”. Y la falta de amor, que nos hace perder la visión y la perspectiva.

¿Cómo, si no, se explica que sigamos empeñados erre que erre en un modelo academicista de iglesia, cuando en el mundo secular este estilo de enseñanza está obsoleto para la escuela y sólo es aconsejable como método en determinadas situaciones muy concretas?

Me pregunto a cuántos de nosotros nos gustaba la escuela de pequeños y vivíamos con pasión nuestro aprendizaje en aulas pequeñas, con profesores aburridos, encerrados todo el día mientras hacía buen tiempo fuera, y luego llegábamos a casa ansiosos por hacer los deberes.

Ya hace unos años, afortunadamente, se ha producido cierto cambio en algunas de las formas de nuestra liturgia, por lo menos en algunos lugares: más  vidilla  en la alabanza, más conciencia de hacer participar a las personas, pero el  culto principal  cuántas veces sigue siendo aburrido, con un predicador que habla declamando o regañando (en todo caso, no habla  normal ),en un lugar cerrado, muchas veces con el énfasis del juicio y no tanto el de la gracia de Dios…

Un panorama que choca frontal y brutalmente con lo que necesitan nuestros hijos de esta generación digital. Muchos se nos ahogan no por el evangelio en sí, que lo necesitan, sino por tener que asistir el domingo también a clases extra de  literatura antigua  (como define un buen amigo mío) en un ambiente claustrofóbico y opresivo. ¿O no? Porque muchos de los adultos sentimos lo mismo, que el culto es una obligación y no un privilegio…

Creo que entendéis por dónde voy al trazar estas pinceladas. Y, si somos sinceros, todos sabemos  que el evangelio no tiene que ser aburrido, ni proclamado en un sitio cerrado y de una sola manera, y que permitir  ¡y fomentar!  que se examine y se cuestione la fe es lo que nuestro Maestro espera de todo aquel que finalmente decida seguirle, porque quiere que sea por convicción, porque no haya podido hacer otra cosa que rendir su corazón al Salvador una vez el evangelio penetra en su mente y en su corazón.

Y fijaos cómo somos:   cuando alguna iniciativa tiene éxito, éxito en cubrir el objetivo de llegar a una generación que se nos resiste, nos permitimos críticas incluso feroces con estos hermanos nuestros que tienen otra visión, otra sensibilidad, trabajan de otra manera… ¡y alcanzan a los jóvenes!

El Maestro quería que hiciéramos discípulos: ésta fue su última voluntad expresada justo antes de dejarnos temporalmente: de todas las naciones, mujeres y hombres, de cualquier condición social, también de todas las edades, ¿no?

Es cierto que cada niño, cada joven, es libre de aceptar o rechazar al Señor, y que la comprensión del evangelio y la responsabilidad de responder al llamado de Jesús puede darse desde muy temprana edad. ¡Pero no les sirvamos en bandeja las excusas para resistirse al Salvador! ¡Y no nos apalanquemos negligentemente en la comodidad, el inmovilismo, nuestros viejos esquemas mentales o la excusa por nuestra parte que nos venga más a mano para no obedecer  la gran comisión !

Nuestros adolescentes muchas veces rechazan  nuestro  cristianismo, no a Cristo. En ocasiones se lo hemos ocultado detrás de maneras obsoletas y de normas farisaicas que ellos no quieren ni deben asumir, porque no son la palabra del Señor ni se derivan de ella. El Señor Jesús, sus palabras y sus obras, les siguen impactando, seduciendo y ganando.

¿Cómo ve Jesús a cada uno de esos chicos y chicas rebeldes, inadaptados, desorientados… y pecadores (también)? ¡Como ovejas perdidas! Que le necesitan, que tienen mucho potencial en sus manos, que pueden ser piedras vivas de esta iglesia que ahora cuestionan.

Debemos orar para que el Señor nos dé personas que entiendan y se entiendan con nuestros jóvenes, porque la necesidad es muy grande (¡que se lo pregunten a las madres cristianas, por ejemplo!). Y debemos dar muchas gracias y apoyar a aquellos que tienen una visión y un llamado especial de Dios para este campo, para que les sostenga, les conceda ideas y creatividad para traducir el evangelio a los lenguajes que ellos comprenden, y les dé fuerzas para llevar a cabo este arduo trabajo. Que amen a Jesús y les amen a ellos con el amor del Señor, y les transmitan la verdad en este amor entregado.

Una última idea: cuando un adolescente o joven de estos que no calzan bien en nuestras iglesias encuentra alguien o un lugar donde está a gusto, y allí se proclama en evangelio de una manera diferente a la que estamos acostumbrados, ¿cómo creéis que se siente si oye nuestras descalificaciones inmisericordes?¿Le acercamos a Jesús o le alejamos? ¿Qué idea del pueblo de Dios le estamos transmitiendo con la murmuración y la crítica de hermanos nuestros? No seamos tercos ni nos hagamos los inocentes, que luego vendrá el tiempo de llorarles…

Si tú tienes una visión distinta sobre las formas y procedimientos, no seas soberbio y no entorpezcas la obra del Señor. Tú a lo tuyo, a lo que Dios te muestra, y síguele sin importarte lo que hagan los demás  (“¿Qué a ti? Sígueme tú”, Juan 21:22) .

Cuando Pablo, en la primera carta a los Corintios dice:  “Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número (…) Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a alguno. Y esto hago por causa del evangelio…” (9:19,22,23) . ¿No nos da una pista de lo que hacer? ¡Y creo que nadie le cuestiona al apóstol su integridad y ortodoxia!

Si no acabamos de entender las iniciativas de los otros, podríamos también descansar en el Señor aplicando aquellas palabras que Él mismo dijo:  “No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es” , en Lucas 9:50 (cito en versión RV60, por si acaso no consideramos inspiradas las otras, que en ocasiones –y lo apunto también aquí- son mucho más entendibles por los adolescentes y jóvenes que nos ocupan). Y, como dijo Gamaliel:  “Si esta obra es de los hombres, se desvanecerá; mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios” (Hechos 5:38-39).

Que el Señor nos llene de su amor y su sabiduría para abordar todas las cuestiones y los retos que su iglesia tiene hoy por delante.

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Publicado en ©Protestante Digital 2013

 

Hace una semana fui partícipe de una experiencia única. Era una luminosa tarde de verano y muchos acudimos a un templo, a una iglesia evangélica para más señas. ¡Qué alegría poder estar con los amigos cercanos! ¡Qué gusto reencontrar viejos camaradas, aquellos que nos acompañaron durante un tiempo, quizá hace muchos años! Cuántas personas recogidas en aquel lugar amplio y fresco para darse apoyo, para acompañar en una despedida, para celebrar una vida y al Dios de la vida.

Estuvimos cantando la mayor parte del tiempo a pleno pulmón, con convicción, con las voces afinadas, aunque no niego que quizá se quebraron en algún momento. Cantamos a Jesús todo el rato, al Señor, a lo que dijo, a lo que hizo; recordamos sus hermosas promesas que tienen por garantía la propia resurrección del Salvador.

“Mi corazón entona esta canción: ¡cuán grande es Él!

Antes de encenderse las estrellas, antes de existir el hombre aquí, antes de arruinar las cosas bellas, Cristo, el Cordero, se entregó por ti. No hubo solución aparte de la cruz…

Ahora soy de Cristo, mío también es Él; puedo gozar de su amistad por la eternidad…

Cara a cara espero verle, más allá del cielo azul…

Más allá del sol yo tengo un hogar, bello hogar…

Suenan las notas de la grata victoria; voy, pues, con gozo a mi dulce hogar.

¡Grata certeza! ¡Soy de Jesús! Hecho heredero de eterna salud… Esta es mi historia y es mi canción…

Esperando, esperando otra vida sin dolor, do me dé la bienvenida mi Jesús, mi Salvador.

Cuando allá se pase lista cierto estoy que por su gracia yo estaré…”

Esto cantamos y mucho más en el culto de despedida de una muy querida hermana nuestra, que ya había marchado a la casa del Padre. Desde un vídeo conmovedor nos hablaba de la única esperanza posible, de la necesidad de buscar al Señor mientras hay tiempo, de que los palos de la vida no son excusa… Y tenía una palabra especial para cada uno de los suyos más cercanos: los hijos, los nietos, los hermanos, el marido, las hermanas y hermanos de la iglesia…

Ella sabía en quién había creído y estaba agradecida. Por eso al final de su camino quiso un culto de alabanza, gratitud y adoración a su Señor. La enfermedad que se la llevó fue especialmente terrible, pero ella supo ver más allá de las cosas terrenales durante toda su vida, y en los peores momentos se sostuvo viendo al Invisible.

Este día que os refiero salimos con el corazón triste por la separación de nuestra hermana, pero a la vez lleno de ese gozo posible incluso en circunstancias de muerte, por el conocimiento personal de Dios y su amor hacia cada uno de nosotros. Lo habíamos estado recordando juntos, en medio de una multitud.

En la puerta, al despedirme del marido, me decía con su pena insoslayable pero lleno de paz: “El Señor es bueno y es fiel”.

Sí, es evidente que están locos, estos cristianos –parafraseando a Astérix y Obélix. ¡Pero qué locura gloriosa, ya anunciada por escrito en el libro más asombroso que jamás pudiéramos haber imaginado!

Ese mismo día, el enemigo también estuvo trabajando, como siempre, intentando estorbar y destruir. Pero la batalla final está ganada por este mismo Jesús allá en la cruz, y sabemos que los de limpio corazón y los pacificadores son los bienaventurados.

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No dejan de sorprendernos, como madres, las capacidades de nuestros hijos, que son de la llamada generación de los nativos digitales y demuestran una destreza asombrosa para manejarse con mucho desparpajo y eficiencia en el mundo de las nuevas tecnologías.

Y añadiré que estas habilidades en concreto quizá nos sorprenden más, pues no se las hemos enseñado nosotras ni sabemos cómo o cuándo las han aprendido… y muchas veces a nosotras mismas nos suponen un ámbito no sólo desconocido sino que pone de manifiesto nuestra torpeza para la adaptación a los nuevos medios y recursos.

Los primeros niños digitales ya programaban nuestros relojes tipo Casio sin mirarse el manual de instrucciones, con sus pequeñas manitas y sus dedos ágiles. O los vídeos: ningún problema, y sin horas y horas de lectura de libritos –seamos sinceras- bastante mal explicados o en un castellano raro. Y luego -¿recordáis?- nos configuraron los móviles –que muchas ya considerábamos como conocimientos de nivel universitario- en no más de cinco minutos.

Nuestros hijos digitales se manejan por el mundo, por los mundos y por el infinito y más allá, con una soltura, un rumbo, un tino, que nos deja pasmadas.

Sin embargo, en algún punto de su cerebro algo falla. Quizá desde el momento mismo de su concepción ha sido formado de manera defectuosa, no sabría decir, pero hay hechos irrefutables que lo demuestran.

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¿Cómo es posible que ellos, nuestros hijos tan espabilados, que manejan Windows y Mac indistintamente, que no hay máquina de pantallita que se les resista, cómo es posible, me pregunto, que no sepan poner una lavadora? Porque no deja de ser extraño, ¿verdad? Clic en el botón de ON, clic en el de temperatura, y haber puesto algo de detergente en alguna parte (ya prescindimos del suavizante, venga). ¡Te dicen que no saben! Tampoco distinguen con claridad la ropa de color de la blanca… Que yo me digo: ¿en qué nos hemos equivocado?

Les he visto, a estos nativos digitales, no rendirse durante horas para conseguir en su ordenador lo que querían… pero pretenden que consideremos que su primer fracaso con la lavadora será suficiente para que les eximamos de la tarea para siempre. En fin…

Que yo, como madre, seguiré apostando por el desarrollo y la potenciación de sus capacidades, de todas, y conseguirán poner una lavadora, el lavaplatos, manejar la plancha sin desastres irreparables… ¡y llevaré a cabo con determinación y perseverancia lo que sea necesario para superar esta pequeña deficiencia cerebral que les viene de fábrica!

Primavera

Estos días, al levantarme y subir la persiana, puedo leer claramente entre las brumas matutinas que el día será claro y lleno de primavera. Y percibo, después de este primer vistazo, que mi espíritu se despierta con más ganas, con más fuerza, con ansias por salir toda yo a la calle.

Una ducha y un café, y estoy lista para lidiar con lo que me depare el nuevo día. Y ya justo al salir del portal, cuando el día ha levantado completamente, la explosión de aroma, calidez y luz penetra mis sentidos de tal modo que me obliga a detenerme un momento, cerrar los ojos, e inspirar, para disfrutar el momento un instante más.

Cuando se acercan las horas del mediodía, el modo en que el sol acaricia la ciudad nos anticipa el verano, la fiesta, la claridad que resiste el paso de las horas, y nos permite ver, al enfocar la mirada a lo lejos, toda la maravilla de la promesa de la vida flotando en el aire, buscando posarse en el lugar que la espera y la acogerá.

Sí, el polen. Sí, nuestros preciosos plátanos, que puntean y adornan cientos de calles y parques y plazas en nuestra localidad. ¡Qué buena idea haber fabricado este árbol! Porque no es autóctono y, para más inri, es un híbrido, y no se sabe si el mérito hay que atribuírselo a España o a Inglaterra.

Platanus Hispanica, sí, que no da plátanos sino castañas amargas, y que con sólo estos datos ya sería suficiente para sospechar que sus intenciones no pueden ser buenas. Y que en esta época maravillosa del año en que por fin nos desprendemos del frío y de la oscuridad, el amigo lanza por doquier sus semillas provistas de pelillos.

No sólo molestan y ensucian, estas armas peludas, sino que pretenden acabar con parte de la población, supongo que siguiendo un plan previamente establecido en connivencia con las autoridades sanitarias que tienen un evidente problema con las listas de espera.

Pero he de decir que, afortunadamente, dentro del propio sistema está la resistencia, los rebeldes, los que, cuando te sientes morir de asfixia, picor de ojos, tos recurrente, te recetan antihistamínicos, y espráis nasales y ventolín.

Se trata de resistir hasta finales de mayo. O quizá un poco más. Pues eso haremos.

¡Qué bonita es la primavera!

Platano de sombra Platanus hispanica Frutos semillas Fruits seeds

Torre Ametller – Cabrera de Mar

Us confesso que potser feia anys que no tenia tanta il·lusió per anar a un recés d’església. La trobada ja com a Església Unida de Barcelona marcava la diferència per moltes raons, especialment perquè, gràcies al Senyor, ja és una realitat el somni de caminar plegats sumant forces, dons i recursos.

Teníem tantes persones a les què acostar-nos per conèixer-les una mica més! El temps de jocs en equips, d’esport, les hores dels àpats, les estones lliures per passejar i parlar –sobretot parlar-, han propiciat un ambient clarament festiu. La vetllada de l’última nit ho ha brodat, amb tants riures i complicitat, aplaudiments i talents manifestos.

Hem constatat, per altra banda, que encara ens queden uns quants adolescents per redreçar, especialment pel que fa a les hores nocturnes, però com que és per ells gairebé per qui més preguem, perquè Déu ens els guardi i ens els encamini, ja anem en la direcció correcta per començar.

Hem viscut moments difícils, però, perquè el dolor dels nostres germans també és nostre, i vam poder compartir i acompanyar els estimats en diverses circumstàncies.

Si pregunteu com van anar les reunions, potser us confirmaran que vam estar a la presència del Senyor, tant a l’hora de la lloança com de la predicació de la Paraula. La primera, cantada de tot cor, amb l’esperit rendit i sensible. I la segona, rebuda amb expectació i reverència, la que produeix saber-nos envoltats d’un núvol tan gran d’herois de la fe que van prendre decisions ben arriscades en moltes ocasions, sense importar el preu. I vam ser encoratjats a seguir el seu exemple, i vam poder abundar en la meditació en els col·loquis.

Els nens van estar treballant i aprenent el Salm 23, i ens en van fer partícips de diverses maneres, tant a la vetllada com a la reunió de diumenge.

Tot plegat, el campament de setmana santa, que ara ja és un record, és ple d’alegria, de germanor, de somriures, de gestos; de benedicció, en definitiva.

I el que ens resta encara!

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