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6 de diciembre de 1995 – 25 de marzo de 2012

Se incorpora el compañero al trabajo después de dos días de ausencia. “¿Ya te encuentras bien?” –le preguntamos. Y se le descompone totalmente la expresión. Vemos que hace un esfuerzo por hablar, y que nos lo va a decir. Lo que sea, que no es bueno, que ya lo vemos. Que pinta a tragedia. “Mi sobrino –comienza-, el hijo de mi hermana, de dieciséis años, ha muerto”. Se le rompe la voz, y le tiembla el labio inferior, y los ojos, que ya lleva colorados, se le humedecen. Y nos busca la mirada, y no añade nada más por el momento, porque no puede, porque no hace falta, porque no hay palabras que puedan describir toda su desolación aunque lo intente.

Alguno de nosotros enmudece, alguna no puede contener una exclamación de aflicción, y mientras el compañero intenta contarnos su pena a través de los pensamientos oscuros e incrédulos que le han rondado estos tres días, vamos rompiendo a llorar, uno por uno, uno tras otro.

“Fue con la bicicleta, una mala caída, el manillar le golpeó el corazón. No se pudo hacer nada… Me llamó un amigo, diciendo que estaba muy grave, y cuando llegué al hospital… -aquí se detiene, llora, vuelve-. Ya estaba muerto… No podía ser. No podía ser, que yo le había visto esa semana hablando, riendo, en sus cosas. Y estaba allí, en un box, tan guapo… dormido…”.

Y nos sigue hablando de la desesperación del padre, de los tíos, de los momentos de llanto de la abuela y de muchos otros familiares y amigos, del estado de shock de la hermana, de los primos… Nadie se lo cree, porque no puede ser. Todos miran al joven, al niño, más guapo que nunca, tan dormido… Y la madre serena, que le contempla, que quiere verlo hasta el último momento, que no se aparta de su lado. Su dolor no se puede calibrar, es la madre.

“¡Qué vida tan corta!” –le dicen. Y ella responde: “¡Pero qué intensa!”. “Qué muerte tan rápida”. “Sí, qué suerte. Sin sufrir, sin agonía…”. Es una madre. Que hará por salir hacia delante a pesar de su terrible pérdida. Por su hija, por su marido, por ella misma. Por su hijo que se ha ido. Para honrar su memoria, porque su vida fue un regalo para ella, y para intentar que haya merecido la pena para otros. Porque hay que valorar bien las cosas, y tener un buen orden de prioridades, y no andar corriendo de un lado para otro, y disfrutar de las personas, de los nuestros sobre todo mientras están cerca…

A esa madre, al padre, a la hermana, a la familia entera, les esperan días muy difíciles en los que la ausencia del niño será lacerante, angustiosa, enloquecedora tal vez. Pero se tendrán unos a otros, su cariño mutuo, estando pendientes más o menos discretamente, aportando sonrisas en cuanto se pueda, por los otros niños, por los mayores, por la vida.

Escribe mi compañero en una nota para los amigos y compañeros del trabajo: “Como de costumbre, no echamos de menos a nuestros seres queridos hasta que nos faltan. Me he perdido muchos momentos buenos por no estar más cerca de mi sobrino Jordi. No dejéis que os pase a vosotros. De aquí en adelante no voy a perder el tiempo con  palabras: prefiero abrazos y besos. Los que no le pude dar a él, aquí los tenéis…”.

 

Para ver el video En memoria de Jordi

No deja de ser gracioso que toda esta primavera que se respira por todas partes, luminosa y perfumada, esconda uno de los inviernos más secos y letales, que ha arruinado los campos de toda la península. La mayoría de cultivos se han perdido, los bosques se incendian casi como en pleno verano, y el pronóstico del tiempo no permite vislumbrar algo de lluvia o nieve que llegue a tiempo.
En mi balcón, el jazmín está a punto de florecer. Su aroma penetrante llenará la casa y casi creeremos que todo va bien, como cada año, como siempre. Sin embargo, a poco que tengamos la radio puesta, o la tele, escucharemos de la dramática situación económica en la que estamos inmersos. Casi preferiremos no escuchar, pero eso no lo haremos.

Nos hemos dado cuenta de las innumerables tiendas que han cerrado en el barrio, de que en las horas punta hay significativamente menos tránsito, de la guerra de precios entre cafeterías y panaderías por captar o mantener algún cliente; tampoco hay coches nuevos en la zona pues la gente no hace despilfarros, hemos notado la reducción drástica de los transportes públicos, de los servicios médicos, del horario en las administraciones de atención a los ciudadanos; no vemos lo que ocurre en las escuelas e institutos, y siempre hemos confiado en la capacidad compensatoria de los maestros y profesores, pero nos tememos que ahora ya será imposible…

Y seguimos preguntándonos –porque no nos lo preguntamos ahora como si nos pillara de nuevo: nos lo preguntamos desde hace mucho, muchísimo tiempo-, seguimos preguntándonos, digo, por los gobiernos, por los sindicatos, por la patronal, por la banca, por todos los que se nos han rifado en nuestra cara. Porque no ha sido a nuestras espaldas solamente.

Con qué indiferencia han permitido que millones de personas aquí y en todo el mundo vean sus vidas arruinadas por lo que les queda de tiempo en esta tierra. Porque sacaban tajada, claro: algunos, una pequeñita y muy temporal, otros una enorme, de un poder casi absoluto.

Ahora, aquí en España, los trabajadores, con la nueva ley de reforma laboral, tenemos que aguantar que se nos identifique con maleantes. Sí: trabajador igual a maleante, así, en general. Empresario igual a buena gente, así, en general también. Yo creo que no.

Hasta donde a mí me alcanza, los abusos han venido de quien tenía la sartén por el mango, y los derechos de los trabajadores se ganaron para proteger de esos abusos. Ahora ya se cuestiona incluso la ley de derecho a huelga. Sí, señor. Y luego sigamos con la del derecho de reunión. Y luego la de libertad de conciencia. Buen camino.

Hay una crisis catastrófica, de acuerdo. Pues ahí es donde quedaría bien un gesto incluso de ostentación de esos 5 ó 10 que tienen el dinero en cada país, para que no hubiera que recortar nada más de los que no tienen, porque ya no tienen trabajo, si pierden la salud lo llevan claro, y la actual educación de sus hijos les aboca a un futuro incierto. Que paguen ellos, los que lo han arrebatado todo y nos condenan de por vida a los demás, que igualmente no renunciarán a nada, porque aún les quedará.

Yo soy trabajadora y no soy maleante. He administrado bien lo que he ganado hasta ahora, y con gratitud por mi buena fortuna. Es posible que jamás pueda ir a según qué restaurantes ni hoteles, ni otros lugares selectos que cuesten mucho dinero. Tampoco visitaré la mayoría de los parajes hermosos y espectaculares de este mundo. No tendré grandes posesiones. Pero eso no tiene mayor importancia, pues las cosas de verdadero valor son otras.

Son que se respete a las personas y no se las agreda, y se les permita ser libres. Primero porque tengan qué comer. Y salud, y trabajo, y educación. Y una casa, y cariño y cuidados.

Lo gracioso es que tenemos las fotos de casi todos los responsables de este desastre mayúsculo. Y Alguien tiene su nombre y apellidos para pedirles cuentas. 

Donostia

Es lo de la ley de Murphy: vas a un lugar de clima atemperado por un océano entero, pero tú llegas el día de la ola de frío siberiano, y puedes disfrutar de una preciosa nevada que dura horas y horas y, especialmente para ti, se transforma en una extraña granizada como de poliespán, para acabar con un viento racheado a una temperatura que dudas que los termómetros de la zona puedan registrar.

Y piensas que mira que hay fines de semana en el año, pero tú tenías los billetes para ése justamente. Sin embargo, positiva que eres, te has dado cuenta de que te has beneficiado de una circunstancia única: has podido caminar prácticamente sola por el paseo, el puerto viejo, hasta la playa de La Concha; has visto todo el panorama desierto, con la marea muy baja, y las gaviotas volando quizá más aturdidas que de costumbre delante del foco de la Isla de Santa Klara. Tus pasos resonaban esa noche en el cemento… y sí, podrías admitirlo: quizá es que lo más cuerdo era estar recogida en casa y no expuesta a una intemperie especialmente inclemente. Pero…

Es que no estabas sola del todo, en realidad, pues aunque fuiste a impartir el curso sin saber a dónde ibas, resultó que te hospedaron en casa de unos viejos y queridos amigos. Y allí el frío, y el temporal, y toda la crudeza meteorológica se convirtieron en calidez, en pizza de los viernes, en conocer a sus hermosos hijos, en risas y bromas.

Y el día siguiente, en compartir opiniones, recordar a los amigos comunes, considerar los años de trabajo y las dificultades del camino y saber, por encima de todo saber, que nos une un Señor que nos ama, que nos cuida y nos sostiene, y nos da buenas directrices para vivir con bendición y nos marca un propósito glorioso. Y la noche oscura y fría del paseo solitario, en realidad no fue tan oscura, ni fría para el corazón, pues fue vivida en delicada compañía.

Cualquier día me paso otra vez por allí, a poder ser cuando sólo haga el fresco habitual… y vuelvo a abrazar a todas las personas que pude conocer y con las que compartí un pedacito de mi equipaje.

Quería empezar mi reflexión de una manera original y cautivadora… pero va a ser que sólo se me ocurre decir, a modo de declaración, que yo sí tengo esperanza .

Incluso a finales de este 2011 en que nuestra crisis europea, en lugar de retroceder, parece que abre más la brecha; a pesar de que al dejar vagar la mirada por España no encuentro un rincón donde posar los ojos en el que no haya deudas imposibles, recortes de servicios necesarios, y corrupción que, como un insulto tras otro, cae sobre nuestras cabezas de gente esforzada en sacar el día a día adelante; aún sabiendo que el planeta quizá ya está tocado de muerte, desertizándose y contaminado, y que difícilmente será un hogar acogedor para nuestros hijos, reitero, yo tengo esperanza .

A pesar de que este mes de diciembre y en este primer mundo en el que vivimos también estamos rodeados de ruina y de miseria física y moral, de que las personas muchas veces tienen de compañeras a la soledad y la tristeza, escoltadas por el temor, tengo esperanza .

Y no es que yo sea miembro del Club de los Optimistas Incorregibles (me permito hacer uso del título de la novela de Jean-Michel Guenassia, buena obra, por cierto). No es eso.

Es que hay esperanza para este mundo, que ya se ve que podría ser hermosísimo; y para la gente, que también evidencia que es capaz de grandísimas cosas. En lo humano, ¡cuánta nobleza y entrega, cuánto altruismo desinteresado! Y por poner otro ejemplo, los impresionantes avances de la ciencia en tantísimos campos. ¿Qué me decís del bosón de Higgs , que tiene a la comunidad científica expectante, porque de su existencia depende que la teoría actual que explica el universo sea correcta? Y como no se puede observar directamente con la tecnología actual ya que, si existe, se desintegra en una fracción de segundo en otras partículas, ahí están los físicos, con indicios fascinantes de que están a las puertas de dar un paso más en el conocimiento del universo…

Mi esperanza está en Jesús , aquel que nació en Belén, pasó unos primeros años en Egipto, se le conoció como el nazareno , de Galilea, y fue ejecutado injustamente en Jerusalén. Que recorrió aquella pequeña porción de territorio no sólo hablando cosas que sorprendían y admiraban, y que dejaron en más de una ocasión sin respuesta a sus enemigos declarados, sino también haciendo obras prodigiosas que demostraban la autoridad de sus palabras.

Los que tuvieron la fortuna de coincidir con Jesús de Nazaret le vieron multiplicar panes y peces, y pensaron (¡y llámales tontos!) que hubiera sido una buena idea hacerle rey, y no trabajar nunca más en su vida. También fueron testigos, y muchos beneficiarios directos, de su acción sanadora, ¡e incluso le vieron resucitar muertos! Y algunos también, asombrados hasta la maravilla y sobrecogidos, le vieron dominar la tormenta que les hacía naufragar aun siendo navegantes expertos, y se preguntaron: “ ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen? ”.

 Yo no estuve allí pero, como en la serie estadounidense “ Caso Abierto ”, al repasar los hechos y los testigos del pasado, me doy cuenta de que hay buenas razones para tener esperanza . Y me detengo en María, por ejemplo, cómo escuchaba el relato de los pastores al llegar al establo: que si un resplandor sobrenatural en la noche, que si el ángel indicando que el niño estaría acostado en un pesebre, que si luego la multitud de criaturas celestiales… Más tarde, los sabios venidos de Oriente. ¿De qué, si no fuera el Altísimo moviendo los hilos desde los cielos, hubieran venido aquellos nobles, con su idea elemental: los reyes nacen en los palacios ?

Veo a Jesús en el templo, a la edad de doce años, asombrando a los maestros de la ley. ¡Cómo podía ser de otra manera! Y a su madre, y al que le hacía de padre, admirados…

Y como sea que en ocasiones me siento como Pedro, que lo ve claro pero falla, que se lanza y que proclama mientras vive una vida tocando con los pies en el suelo y se equivoca, pero sabe…

Pedro sabe porque estuvo, porque vio, porque conoció al Señor Jesús de cerca. Al final de su vida, en la segunda carta que tenemos de él, cuando es la hora de la verdad y de nada sirve autoengañarse, Pedro recuerda, conmovido y aún maravillado: “ Cuando os anunciamos la venida gloriosa y plena de poder de nuestro Señor Jesucristo, no lo hicimos como si se tratara de leyendas fantásticas, sino como testigos oculares de su grandiosidad. Él recibió, en efecto, honor y gloria cuando la sublime voz de Dios Padre resonó sobre él diciendo: ‘Este es mi Hijo amado, en quien me complazco’. Y nosotros escuchamos esta voz venida del cielo mientras estábamos con el Señor en el monte santo. Tenemos también la firmísima palabra de los profetas, a la que haréis bien en atender como a lámpara que alumbra en la oscuridad hasta que despunte el día y el astro matinal amanezca en vuestros corazones… [i] .

El mismo Pedro, en su primera carta, habla de que todo lo que sabe sin lugar para las dudas, le hace tener esperanza , pero no una esperanza cualquiera o basada en un fundamento cuestionable. Él lo remarca cuando dice que bendice a Dios, porque “según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos” [ii] .

Y aquí encontramos el punto clave: que Jesús resucitó. Porque aquellos temerosos, cobardes e incrédulos discípulos suyos (y podemos dar nombres), una vez convencidos del hecho, trastornaron el mundo, hasta hoy, con la noticia.

Lo supieron sus enemigos, todos los que viajaron a Jerusalén y quisieron cerciorarse pudieron comprobar desde un primer momento la sucesión de los hechos, pues no fueron sucesos ocultos sino que todo ocurrió públicamente y a la luz del día, con muchos testigos.

Siendo racional y sensata, y ateniéndome a los datos de los que dispongo, tengo esperanza porque yo sé que Jesús fue real , murió por mis pecados como dice la Biblia, y resucitó; porque un mito no se forja en cinco minutos sino en siglos de oscuridad, y sin embargo el mensaje de una esperanza viva que proclama el cristianismo se comenzó a extender en cuanto los seguidores se convencieron de la veracidad de lo que había ocurrido; porque las vidas cambiadas radicalmente por el Señor Jesucristo a lo largo de toda la historia son la mejor prueba que puedo pedir.

Este próximo 2012 pinta oscuro a muchos niveles, en muchos ámbitos. Pero en lo que se refiere a las cuestiones de verdadero valor, las que en realidad determinan nuestra vida aquí y nuestra eternidad, definitivamente tengo esperanza.


[i] 2ª Pedro 1:16-19 (LP)

[ii] 1ª Pedro 1:3 (RV60)

 

©Protestante Digital 2011

9 de desembre de 2011

Aquest matí, una de les activitats proposades dins el Congrés ha estat una mesa de polítics per enraonar sobre els protestants a Catalunya.

En Guillem Correa, que moderava, ha iniciat el parlament afirmant que, en moltes ocasions, els evangèlics ens sentim com a ciutadans de segona, pels drets que se’ns escatimen. Hauríeu d’haver sentit les respostes! Què senzill semblava tot! Les velles aspiracions, les peticions reiterades durant tants anys de democràcia, els greuges, les pressions sofertes… Si el sentit comú i de justícia diuen que no es demana res forassenyat, i que ja és l’hora de la igualtat!

Ho han afirmat tots els polítics presents. Suposo que per diverses raons. Primera, perquè eren a casa nostra, al nostre Congrés, i hagués estat una descortesia dir segons què. Segona, perquè les persones que cada partit designa per ocupar-se dels afers religiosos segurament ja tenen una sensibilitat especial pel tema, com així ha quedat demostrat. Tercera, per guanyar vots, que mai se sap.

Però ara us diré què m’ha semblat a mi, de manera absolutament personal i subjectiva. Qui ha estat millor, per la solidesa del discurs i per com l’ha expressat, ha estat l’Oriol Amorós, d’ERC. Perquè la seva argumentació ha estat des de la democràcia i el respecte, perquè hi ha drets fonamentals inalienables encara que se sigui minoria. I ens ha encoratjat: “No us amagueu; mantingueu el lideratge social; seguiu aprofundint en aquesta capacitat de diàleg religiós”. No sé quines són les creences particulars del sr. Amorós, però ha quedat palès que per a ell la religió és útil, a més a més, a l’hora d’abordar el major problema que enfronta l’ésser humà en l’actualitat: la solitud.

Jordi López Camps, del PSC, ha parlat des del cor i el convenciment personal de la justícia de les reivindicacions històriques dels protestants, més allunyades en les últimes setmanes per la nova proposta de la Llei de Centres de Culte que limita les llibertats. Les seves paraules, defensades en altres fòrums també, li han valgut severes crítiques i durs desacords amb propis d’una banda i de l’altra. Ha estat valent, i hem agraït la seva sinceritat.

Considero que hi ha hagut una espècie d’empat tècnic entre la sra. Glòria Renom, de CiU, i el sr. Pedro Chumillas, del PP. L’una, des de la seva fe personal, faria, gestionaria i legislaria… potser. Però ha vingut a no dir més que paraules boniques, sense cap compromís. L’altre ha citat punt per punt gaire bé totes les qüestions que els protestants tenim damunt la taula del govern (jo me l’escotava pensant: aquest ha fet bé els deures), per acabar dient que eren de justícia i que ja era hora.

Aleshores… aleshores, tan fàcil com semblava, tan just i tant oportú el moment, es veu que els partits que estan governant aquí i a l’Estat potser no faran res… per ara… és complicat… no depèn d’ells… com no ho han fet tampoc els sortints…

I torno a la meva valoració inicial: el sr. Oriol Amorós ha defensat la seva Llei de Cultes, del temps del tripartit, i ha argumentat què tenia de positiva. En tot cas, l’actitud i el plantejament han sonat molt més resolutius.

En fi, ja sé que ningú em demana opinió, que parlo des de la desinformació, que així no faig amics, que és una bona manera de ficar-me en embolics…

Australia

Hay palabras que durante un tiempo significan bien poca cosa para una hasta que, de repente, cobran un sentido especial por una serie de circunstancias.

Los que hicimos la E.G.B. y sacamos cierto partido de los estudios, la geografía la llevábamos bastante bien, de manera que no nos era difícil ya desde 5º o 6º curso ubicar Australia en un mapa mudo. En realidad, éste era uno de los países más fáciles de localizar, para qué decir otra cosa.

Pero de unos años para acá la palabra Australia ha comenzado a sonar de cerca y de lejos, en casa, en televisión, en reportajes de prensa, y parece ser que todo el mundo tiene un familiar, amigo o conocido que se fue a vivir a Australia… y no volvió. A mí me recordaba un poco a cuando estaba embarazada y todas las mujeres te contaban partos con final trágico. Que yo me preguntaba: ¿nunca se produjo un nacimiento feliz, sin contratiempos, tal como se supone que ocurren estas cosas? En fin, que ya vuelvo a lo que decía. Y empezaré por el principio.

Mi hija mayor comenzó a querer a un muchacho, después de que él la quería a ella desde hacía tiempo y estaba convencido de que ella sería su mujer. Con el paso de los meses comenzaron a hacer proyecto de vida juntos y, para no extenderme, este plan que trazaban incluía Australia. Recuerdo que cuando conocí a la, en aquel entonces, mi futura consuegra, me apartó un momento de la conversación general y del grupo, y me preguntó: ‘¿Has sido tú la que les ha metido en la cabeza esto de Australia?’.

¿Yo? ¡Pobre de mí! ¡Que yo también soy madre! Y aunque crío a mis hijos para volar lejos del nido… ¡no hace falta que vuelen tan lejos!

Como veíamos a nuestra hija y a su novio determinados, convencidos, ilusionados, con los detalles preparados para su nueva vida allí, los estudios, sus contactos y amigos, ¿qué podíamos decir? Yo sólo apunté que, si no querían ver a las suegras, que no hacía falta exagerar, y que lo único que se me ocurría más lejos era ya la luna, pero en fin…

Australia, desde ayer, no son canguros, ni boomerangs, ni cucarachas y arañas que hay que matar a machetazos pues la escoba española no sirve; no son olas gigantes, ni arrecifes de coral, ni desiertos inmensos; ni ciudades preciosas y ultramodernas, ni ciudadanos llegados de todo el mundo.

Australia es mi niña, mi pequeña tan mayor, y su marido, y sus sueños, y su empuje de juventud para vivir una vida disfrutándola, luchándola, saboreándola.

Ahora nos interesará la política de Australia, la meteorología, los programas de televisión, el cine, la gastronomía, los paisajes… Hillsong, por supuesto.

 

Finals de septembre de 2001, ara fa deu anys

Estimada filla,

Ara que dorms, m’acosto, com tantes nits, a la teva habitació. El teu cos ja fa la llargada de tot el llit: has crescut tantíssim! Aquests dies he tornat a veure els teus ulls plens de por buscar els meus. Ara que ets més gran no t’espantes com quan eres petita (recordes la por què et feia cada nit el soroll del camió de les escombraries?). Però aquest cop la brutalitat i l’horror del que sentíem, primer, a la ràdio, i després veiem a la tele, em sembla que trencava també alguna cosa en la teva dolça realitat d’adolescent.

Vam veure l’avió xocar contra la torra; vam contemplar esglaiats com es desplomaven aquells gegants, com si res; vam saber que també havien destrossat part del Pentàgon; i pensàvem en quanta i quanta gent morta per què sí, en un moment, i quanta i quantíssima gent viva amb la vida desfeta sense cap raó vàlida.

Uns dies més tard em vas preguntar si en els avions hi hauria hagut nens. Et vaig dir que sí, que molt probablement. I que si jo pensava, insisties, que se’n van adonar del que passava, de que anaven a morir. Jo et vaig dir que els petits no, i que tot va ser un moment. “Mama -em vas dir-, m’ho hauries dit, que anava a morir, si haguéssim estat als avions?”. “Tu ets creient, filla, i segurament hauríem estat orant, demanant ajuda al Senyor per aquells moments difícils. Hagués estat un ‘Fins ara, Senyor‘ i un ‘Hola, Senyor‘”. “És veritat!”, vas dir, i vas somriure. Vam callar uns instants, recordo, i vas començar a fer més preguntes i més consideracions, i veia que rumiaves l’abast del què havia passat, i que estaves amoïnada.

Ara et miro dormir tranquil·la, confiada. T’he sentit enraonar per telèfon amb les amigues sobre la possible guerra de la què tothom parla. “Mama, tu creus que hi haurà guerra? A on pensen fer-la?”. He intentat donar-te explicacions que et tranquil·litzin, però sobretot he procurat que entenguis el què és fer teva l’esperança d’una vida amb Crist, siguin quines siguin les circumstàncies que se’t presentin.

Me’n vaig del cuarto, i procuro no fer soroll. I me n’hi vaig rumiant com fer-te entendre que la vida cristiana, abans que una vida de renúncia com molts es pensen, és una vida rica, confiada, emocionant. Perquè hi ha un projecte a dur a terme, perquè hi ha una part especial i concreta que l’has de fer tu, perquè t’estalviaràs fer el camí sola, i no coneixeràs la buidor, la desesperança i la por angoixants dels qui no tenen res. Sé que això no pots entendre-ho ara. No fa pas gaire, en realitat, que jo en sóc conscient d’una manera més cabal. Ja t’ho aniré explicant, a poc a poc, si el Senyor ho permet…

Ara, bona nit, filleta meva. T’estimo.

La mama

 

Me gusta

Me gusta salir al balcón, contemplar las copas ondulantes de los árboles e intuir el tránsito escondido debajo, sólo por el rumor.

Me gusta atender asuntos en la cocina y escuchar, durante un rato, a la familia y los amigos, mientras charlan, como si fuera una fotografía sonora.

Me gusta conducir en verano con la ventanilla abierta, permitiendo la entrada del aire caliente, mientras todos duermen en el coche y yo puedo escuchar mi selección de música.

Me gustan las cafeterías a la hora del desayuno en días de trabajo, donde el gesto amable es lo que marca la diferencia.

Me gusta tomar un momento el sol después de un baño en el mar, mientras oigo que los niños siguen con sus risas, sus retos y sus juegos inventados.

Me gustan las librerías y degustar en ellas las promesas de historias de cada obra.

Y me gustan los puzles porque requieren concentración y eso es perfecto cuando no se desea pensar en otra cosa y porque, por una vez, todo encaja.

De camino a Kinsale y a Cork desde Kinvarra nos encontramos un pueblo grande llamado Gort. La mañana en que llegamos había mercadillo, aunque sólo de ropa de señora mayor, en una zona de aparcamiento en el cruce de dos calles grandes de dos direcciones, y a nosotros la ubicación nos parecía arriesgada, con esa costumbre que tienen allí de conducir por la izquierda y hacerlo todo más difícil y peligroso.

El lugar brindaba ese cielo gris encapotado que parece la decoración del país, sobre unas casas del mismo color en su gran mayoría. Por eso los de nuestras latitudes, acostumbrados al sol y a la intensidad de los colores, agradecíamos esas fachadas inverosímiles en tonos pistacho, rosas, lilas, naranjas, rojos, azules, que nos regalaban algo de alegría para el espíritu, y las flores, las macetas y parterres rebosantes de flores de primavera, colgados de todas las ventanas y farolas, en las barandas, las aceras, las puertas…

Allí en Gort descubrimos la más floreada de las cafeterías con terracita exterior, en una casa pintada de verde claro, con una bicicleta colgada de una ventana y con su dueña a punto de iniciar el vuelo.

Al final de esa calle había una iglesia, con ese pináculo puntiagudo tan peculiar de la zona. Aunque reconvertida en biblioteca municipal, conservaba el cementerio. Y fue allí, entre las lápidas, en unos textos de unas pocas letras, donde pude leer unas historias que, si bien eran breves, brevísimas, me golpearon hasta hacerme saltar las lágrimas.

Por supuesto que un cementerio es un lugar de tristeza y dolor. Pero cuántas veces nos consta que nadie echa de menos a los que son llevados allí.

Yo leí, en ese pequeño cementerio de Gort:

In loving memory of

SUSAN CURLEY

Crowe St. Gort

Murió el 1 de enero de 2005, a la edad de 89 años

Su marido JIMMY

Murió el 31 de agosto de 1942, a la edad de 30 años

Enterrado en Manchester

 In loving memory of

MARY WALSH

Murió el 10 de junio de 1992

Su hermano JOHN G. O’REILLY

Murió en Melbourne, Australia,

el 14 de agosto de 2002

   Erigido por su sobrino PAUL WHELAN

                                                                            

In loving memory

SEAN LEHAY

Garrabeg, Gort.

Murió el 13 de noviembre de 2002, a la edad de 65 años

Su hijo IVAN

Murió el 10 de junio de 1968,

a la edad de 2 años y 6 meses

 

Una chica de veintiséis años que sobrevive una vida entera a su joven marido, que quizá muere en la terrible Segunda Guerra Mundial, en Inglaterra.

Un sobrino que añade en la lápida familiar a uno de los tíos, fallecido en la otra punta del mundo, porque la familia importa.

Unos padres que hacen constar que un niño de dos años y medio vivió y se fue, pero que ellos le han recordado siempre, hasta el final.

Esto lo vi yo en un pequeño cementerio en Gort, Irlanda.

Irlanda!

Irlanda és verda, molt verda. Ja ho sabia, però ho veig al google.

Irlanda és un vol que m’apropa a una gran illa i me la mostra primer abastable, després immensa.

Irlanda són núvols, i pluja.

Irlanda són penya-segats i roques grises molt antigues.

Irlanda són persones. I un anglès parlat amb accent, i el gaèlic. I no sé pas si ens en sortirem…

Irlanda és Història. A tots els indrets.

Irlanda és cervesa.

Irlanda són vacances, vacances de família. Potser l’última oportunitat abans dels canvis.

Ja es veurà, tot plegat… a Irlanda mateix.