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Posts Tagged ‘trabajo’

Quiero creer que la supuesta mejora en el salario merecerá la pena. Que el trabajo principalmente es para eso, para ganar el sustento, sobre todo cuando no es vocacional.

Y sí, es cierto. No sólo en la coyuntura actual, si no siempre: disponer de una ocupación remunerada es una bendición.

Pero, ¿qué hacer cuando la sensación, ya a estas alturas de la vida, es de pereza infinita respecto a la readaptación necesaria a un nuevo puesto de trabajo?taula nova

Sin embargo, confieso que me traiciona la curiosidad. Y estas ganas innatas de aprender cosas nuevas, aunque sean de gestión de asuntos referidos a… de cuestiones de… de temas relacionados con mundos absolutamente abstrusos para los simples mortales. Digamos que tienen su qué.

Y confieso también que los cursillos de formación han sido interesantes; y conocer la historia de la gestión, su evolución, las dificultades y las mejoras, los avances en los soportes técnicos… Vamos, ¡un mundo, ya os digo!

Y eso, que allá voy. Siempre adelante.

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Tú en el trabajo. Ocupada con tus papeles. Después, durante un rato, introduces datos en el ordenador. Quizá demasiado rato. Mejor levantas la vista para descansar los ojos y relajar la mente un momento. Pero las paredes y el mobiliario tan grises, y los compañeros tan concentrados y con esa cara de fatiga o aburrimiento igual que la tuya…

Procuras localizar alguna de esas pequeñas plantas supuestamente benefactoras que adornan alguna mesa, mayoritariamente minicactus, pero terminas pronto de buscar algo verde o colorido: es una oficina, qué quieres, aquí no hay una gran muestra botánica.

Tienes sobre la mesa unos cuantos expedientes por resolver, esperas que no sean muy complejos. Que es viernes. Que sabes que el agotamiento acumulado espesa el pensamiento y acogota las neuronas.

Después de leer un rato sabes que necesitas levantarte un momento, porque si no puede salir perjudicado, sin tú querer, algún que otro administrado. Hay que llevar un portafirmas a la subdirectora, te ofreces a hacerlo.

Te levantas, portafirmas en mano, te diriges a los ascensores, y te cruzas con un compañero que va en sentido contrario, de los de la casa, de siempre, que ya peina canas, que te dice, sonrisa en boca, “Hola, princesa”, mientras sigue su camino.

Y a ti se te distienden un poco los músculos de las cervicales, y se te disuelve una pizca el cansancio. Porque ese es el efecto medicinal de una palabra amable, de una mirada limpia, de una sonrisa franca.

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