Que por nosotros no quede
Nos preguntábamos en el primer artículo de esta serie acerca de si nuestros niños van con gusto a las reuniones de la iglesia y apuntábamos lo que, a la luz de la Biblia, entendemos que es la práctica correcta en el seno de la familia. En la segunda entrega considerábamos algunas costumbres que pueden entorpecer la transmisión de nuestra fe, tanto en el ámbito familiar como en el eclesial, y algunos aspectos que pueden darse y que son contradictorios con esta fe que los adultos decimos profesar.
La importancia del tema que nos traemos entre manos radica en que la iglesia no es una asociación más, un club o agrupación como cualquier otro, sino el cuerpo de Cristo, el Hijo del único Dios vivo y
verdadero, que ha provisto la única manera de ser salvos, por el perdón de nuestros pecados, y de disfrutar la vida eterna. No es cualquier cosa. No hay nada parecido en el mundo en cuanto a trascendencia real. Por eso, cuando nuestros hijos no quieren acompañarnos a los cultos y a las otras actividades de la iglesia, se pierden una oportunidad de bendiciones que sería larga de enumerar. Sabemos que la iglesia no es la única manera de encontrar a Dios, pues más bien es Él quien busca a cada persona, y puede hacerlo a través de su Palabra o de cualquier otro modo, pero es el plan que diseñó para su pueblo y, aunque a veces nosotros lo estropeamos con nuestras debilidades y flaquezas, es el mejor plan.
Continua llegint »

¿Por dónde comenzar a abordar esta cuestión? Siempre será mejor hacerlo por el principio, es decir, poniendo nuestros ojos en la palabra de Dios para valorar si el asunto merece nuestra atención, y si debemos preocuparnos o no al respecto, no vaya a ser que perdamos el tiempo en cosas sin relevancia alguna.
Allí alquilaron, gracias a una hermana de la iglesia en Madrid, el local de una cantina y, domingo tras domingo, en un pueblo de doscientos cincuenta habitantes, se reunían para el culto evangélico unas doscientas personas. Si la reunión comenzaba a las siete de la tarde, una hora antes ya había gente a la puerta para entrar. Muchas veces he pensado la alegría que eso produciría en el corazón del matrimonio misionero: ¡por fin el evangelio daba fruto! Varias personas manifestaron haber aceptado al Señor, y debía ser un gozo hablar de la Palabra cada vez que se presentaba la ocasión.
icaciones restauradas y en la que, sin embargo, el aire parece haberse detenido muchos años atrás: la torre de la iglesia, reconstruida hace un par de siglos, la fuente, con el busto del fundador de la Villa que nos contempla, probablemente nos vigila, pero no parece darnos la bienvenida, todavía no. Fue criado en la enseñanza del catolicismo romano, pero al llegar a su juventud se dejó fascinar por el ateísmo radical de la época. Me hubiera gustado preguntarle cómo le llegaron aquellas ideas, qué fue lo que le sedujo de ellas, qué libros leía, con quién discutía al respecto.

Miguel, uno de los arcángeles más renombrados, se ha ocupado de la distribución de las tareas. Ha encargado a especialistas la preparación de las salas de recepción de los creyentes y para ello ha requerido la ayuda de los ángeles más dotados en artes plásticas, con ayuda de carpinteros y artesanos diversos, para la decoración del lugar. Un gran coro estará dispuesto para cantar en directo mientras los hijos del Gran Rey de todo el mundo vayan llegando, y sus himnos serán un bálsamo para el corazón que ha sufrido, una confirmación de que todo a lo que se renunció, todo lo que se entregó o perdió por amor al Salvador, mereció la pena. Los ángeles cocineros llevan semanas elaborando menús deliciosos para las Bodas del Cordero, y preparando poco a poco todos los ingredientes necesarios: en el cielo nada se estropea. En un primer momento, sin embargo, ofrecerán un gran refrigerio a los peregrinos cansados que han llegado por fin a la patria celestial.