Gabriel Sánchez (y II)
Continuamos la historia, hasta su final, del antiguo cocinero del Hotel Palace Gabriel Sánchez, coincidiendo con el inicio de la guerra civil, narrada y revivida por sus nietas Sara y Febe Jordá.
En el capítulo anterior dejamos a Gabriel Sánchez, misionero en Castilla encomendado por la iglesia de Chamberí, recién trasladado con su familia a Navaluenga, provincia de Ávila, junto al río Alberche, al pie de la Sierra de Gredos. Los que habéis estado en el lugar recordaréis, sin duda, el imponente puente romano que se refleja limpiamente en el agua, disimulando haber sido testigo de vilezas y ruindades humanas a través de tantísimos siglos.
Allí alquilaron, gracias a una hermana de la iglesia en Madrid, el local de una cantina y, domingo tras domingo, en un pueblo de doscientos cincuenta habitantes, se reunían para el culto evangélico unas doscientas personas. Si la reunión comenzaba a las siete de la tarde, una hora antes ya había gente a la puerta para entrar. Muchas veces he pensado la alegría que eso produciría en el corazón del matrimonio misionero: ¡por fin el evangelio daba fruto! Varias personas manifestaron haber aceptado al Señor, y debía ser un gozo hablar de la Palabra cada vez que se presentaba la ocasión.
El 18 de julio de aquel infausto 1936 estalló la guerra. Las tropas franquistas entraron en Navaluenga el 4 de octubre, y el 6, a las dos de la tarde, Gabriel Sánchez era detenido y encarcelado en el cuartelillo del ayuntamiento del pueblo. (més…)
icaciones restauradas y en la que, sin embargo, el aire parece haberse detenido muchos años atrás: la torre de la iglesia, reconstruida hace un par de siglos, la fuente, con el busto del fundador de la Villa que nos contempla, probablemente nos vigila, pero no parece darnos la bienvenida, todavía no. Fue criado en la enseñanza del catolicismo romano, pero al llegar a su juventud se dejó fascinar por el ateísmo radical de la época. Me hubiera gustado preguntarle cómo le llegaron aquellas ideas, qué fue lo que le sedujo de ellas, qué libros leía, con quién discutía al respecto.

Miguel, uno de los arcángeles más renombrados, se ha ocupado de la distribución de las tareas. Ha encargado a especialistas la preparación de las salas de recepción de los creyentes y para ello ha requerido la ayuda de los ángeles más dotados en artes plásticas, con ayuda de carpinteros y artesanos diversos, para la decoración del lugar. Un gran coro estará dispuesto para cantar en directo mientras los hijos del Gran Rey de todo el mundo vayan llegando, y sus himnos serán un bálsamo para el corazón que ha sufrido, una confirmación de que todo a lo que se renunció, todo lo que se entregó o perdió por amor al Salvador, mereció la pena. Los ángeles cocineros llevan semanas elaborando menús deliciosos para las Bodas del Cordero, y preparando poco a poco todos los ingredientes necesarios: en el cielo nada se estropea. En un primer momento, sin embargo, ofrecerán un gran refrigerio a los peregrinos cansados que han llegado por fin a la patria celestial.