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Archive for 17/05/11

Sr. Zapatero,

Le escribo como madre. Sepa usted que una de las cosas que procuro enseñarle a mi hijo es que la vida puede afrontarse bien o mal, tomando decisiones acertadas y sabias, frente a opciones imprudentes o directamente equivocadas y dañinas. Y que, a pesar de todo, ocurra lo que ocurra, siempre hay esperanza, porque los seres humanos tenemos la capacidad de escoger el bien, y andar unidos por ese camino.

Hubo un tiempo oscuro en que un presidente pretendió que le apoyábamos como país en una guerra contra personas como nosotros, que encima tenían la desgracia de ser gobernadas por un dictador sanguinario. Mi hijo recuerda las caceroladas de protesta que muchos ciudadanos llevamos a cabo para tratar de detener aquella locura argumentada con insultos a la inteligencia.

Su memoria tampoco podrá borrar los terribles atentados de Madrid. Era un niño de ocho años, y el horror de aquellos actos, de aquellas horas, de aquellas muertes incomprensibles e inexcusables, quedó grabado en su alma para siempre.

Entonces llegó usted, Sr. Zapatero. Como un soplo de esperanza para muchos, se lo comentaba al principio, para algunos niños también, pues ellos observan nuestro mundo con sus ojos receptivos y ávidos de bondades. Nos devolvió usted, a los pocos días, nuestras tropas en Irak. Y mi niño sonreía, lo recuerdo perfectamente. Yo veía en él su confianza en los adultos, que han dicho una cosa y la cumplen.

Luego… luego pasó todo lo que pasó, Sr. Zapatero. Que si la crisis no existía, que si lo de ‘aprobaré el Estatuto que salga del Parlamento de Catalunya’. Y muchas más cosas. No sé de cuántas se dio cuenta mi hijo mientras crecía. Ahora está en bachillerato. Por su naturaleza reflexiva, porque ha tenido también algunos buenos profesores, porque en la adolescencia todas las cosas se cuestionan, y porque en casa también procuramos que piense por sí mismo, se convenza de las cosas y actúe, mi hijo nos sorprende muchas veces con sus conclusiones. Que son meditadas y propias, pero son juveniles y a veces, por falta de datos, pueden ser un poco peregrinas.

Pero el otro día nos desconcertó en la mesa afirmando que cree que, después de ver cómo ha ido la Historia, el mejor gobierno es una dictadura. Sí, señor, una dictadura, dijo. Blancos los demás, ya se puede figurar, Sr. Zapatero. ¿Cómo dices, hijo? ‘Sí, con pocos muertos, los menos posibles…’ Yo tragué saliva. Afortunadamente, el bocado lo había tragado un momento antes de escuchar su afirmación, si no igual hubiéramos tenido una emergencia médica, además. ¿Por qué dices eso? Lo pregunté sin juzgar con mi tono de voz, con actitud de escucha activa, mirándole a los ojos… y con los pelos del alma de punta. Porque sabía que lo había pensado. ‘Por la corrupción que hay, mama’, dijo.

¡Ah! No se lo he comentado antes, Sr. Zapatero. Pero mi hijo no es muy hablador. Ése era su desalentado resumen después de observar el panorama con sus ojos, que van llegando a la edad adulta. Y sepa usted que en menos de un año y medio mi hijo podría votar, si quisiera.

Pero para que lo haga, para que deposite su confianza en alguien como para que gobierne su país, alguno debería darle de nuevo un poco de esperanza. Y orientarle bien. A mí no me va a escuchar demasiado, pues dice que las madres dulcificamos todo, respecto a ellos mismos y sus capacidades, respecto al mundo que les rodea… Mejor contéstele usted, Sr. Zapatero. Que siendo Presidente igual tendrá alguna clave que nos iluminará a los padres también, para no creer que se nos insulta por activa y por pasiva, día sí y día también.

Y ya puestos, dé las gracias a Strauss-Kahn. Ayuda mucho en todo esto que le comento.

Febe Jordà

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